Las hojas breves

Las hojas breves: Acerca de Fernando Pessoa

Carlos Vásquez
Introducción de Carlos Ciro
Series: Literatura
Copyright Date: 2013
Edition: 1
https://www.jstor.org/stable/j.ctt14bs67r
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    Las hojas breves
    Book Description:

    Este libro ofrece un acercamiento a algunas de las odas del poeta portugués Fernando Pessoa, en la figura de su heterónimo Ricardo Reis. En ellas se plasma de modo magistral su pensamiento poético así como su genio creador. Las odas de Pessoa merecen sin duda el calificativo de extraordinarias, no sólo por su perfección formal sino por la precisión con la que expresan los dramas y las preguntas más incitantes del hombre contemporáneo. Eso hace de ellas un objeto inagotable de diálogo e indagación. Libro en coedición con la Universidad de Antioquia - Medellín, Colombia.

    eISBN: 978-958-665-244-5
    Subjects: Language & Literature

Table of Contents

  1. Front Matter
    (pp. 1-6)
  2. Table of Contents
    (pp. 7-8)
  3. Introducción. BREVE HOJA ENTRE LAS HOJAS BREVES
    (pp. 9-12)
    Carlos Ciro

    Siempre en su mano el gesto de quien sostiene una pluma, siempre en sus ojos la atención sin pliegues de quien sueña, la seriedad del niño que juega. Siempre en su pensamiento la distracción de quien desenrolla una madeja de hilo sin pensar en nada. Fernando Pessoa es, sin lugar a dudas, el mayor poeta portugués del siglo xx y una de las figuras más inquietantes y singulares de la historia de la literatura o incluso, como muchos afirman, un mito. Un mito que crece día a día con la profusa publicación de su obra y la ya vasta e...

  4. NOTA DEL AUTOR
    (pp. 13-14)
  5. 1
    (pp. 15-18)

    Lo que al poeta le toca grabar en la augusta mente no es otra cosa que una idea. Es eso lo que parece decirnos el poeta Ricardo Reis, heterónimo de Fernando Pessoa, en la oda que abre la serie publicada por el poeta. Dominada por una sensación de fragilidad, queda esa mente para esculpir un mundo y guardar en su dureza de piedra lo que permanece en lo que se muda, lo que queda allí donde todo sigue. Esa idea se sirve de aquello que da vida a la poesía y que ella anima con su misterio: voces, ritmos, melodías,...

  6. 2
    (pp. 19-22)

    Solo que día y noche no van por igual juntos: hay un corte, una leve inclinación; la luz se encarga de llevar el día hasta su sima. Lo que de él alcanzamos a saber se desplaza por ese declive, lo ahonda, lo piensa, y es en él, quizás, donde se tejen las más hondas cavilaciones. Es la caída de la tarde, y allí el hombre es rey y oscurece su frente de poeta. Solo que aquí, misteriosamente, por una decisión tomada con entera seguridad, este poeta renuncia a esa hora y prefiere figurarse un día, un solo día. ¿Qué día...

  7. 3
    (pp. 23-26)

    Conciencia aguda de nuestra condición mortal. Conciencia por ello mortífera, como si con sus palabras inflamara más aún ese fuego o atizara sus llamas. ¿Será ese el signo de esta poesía? ¿Consumir al hombre en el ardor de una conciencia anhelante, desesperada, presurosa? Todo parece negarlo y es más bien como si esa conciencia quisiese introducir un poco de templanza. Y así opera, en efecto, y se demora, en una especie de delectación que no desiste en buscar una cura. Conciencia de sí que actúa como un bálsamo. Acaso a eso se debe que en tantas de estas odas, más...

  8. 4
    (pp. 27-30)

    Y he aquí que cuando la voz se recata hasta el susurro y se dispone a decir lo esencial, el sentimiento de acogida parece ceder su lugar a una tristeza mustia. La renuncia asumida con tanto coraje parece fracasar ante una resignación que hace temblar el alma. Y a la vez, el amor parece querer decir su palabra. Estás tú, a mi lado, tan cerca, con la distancia ya acordada, sin un roce, sin un abrazo siquiera. Y no obstante, parece que lo que los labios tienen por decirse solo puede ser recogido en un beso. Queda decirse adiós, como...

  9. 5
    (pp. 31-34)

    Y acaso, como en esas danzas que evocan las antiguas ninfas, girando en el vuelo de su música, con el mar a los pies y las olas bañando desnudeces rítmicas, evoca Reis algo que para los griegos fue visión y para el hombre que guarda en sus palabras Pessoa, entre visión y nostalgia, recuerda que lo humano no tiene redención ni morada, que no hay alivio para las penas del hombre, y que, no obstante, la rueda sigue al ritmo de los vientos y las olas su letanía, acaso, si no una celebración, la asunción piadosa de un destino.

    ¿Fue...

  10. 6
    (pp. 35-38)

    El poeta pide a los dioses una gracia, un don que para él termina siendo único. El privilegio de un saber, la dicha altiva de un conocimiento. Si acaso somos nada, si en el medio mismo de ese vacío moramos dioses y hombres, que ellos, los videntes de esa escritura, compartan con nosotros algo de esa potencia que se parece a la apertura de los ojos, allí donde mente y mirada son una sola cosa. He ahí la particularidad de Ricardo Reis, su tono y su temple. Es aquello y no otra cosa lo que parece querer recordarle a Pessoa....

  11. 7
    (pp. 39-42)

    Podría suponerse que este saber constituye por sí mismo, si no una protección, un consuelo. Instalarse en él como en una morada familiar con su fuego clemente. Pero, por desgracia, no es así, y vemos cómo de golpe, en lugar de rodear al poeta, su entendimiento le abandona a la inclemencia de ese huésped que viene una y otra vez y toca su puerta, como si le encomendase a él, precisamente como su tarea más propia, llevarlo a su propio lindero. Saber del límite y camino de lo que está más allá, allí donde más bien se borran los caminos....

  12. 8
    (pp. 43-46)

    Pero de golpe, con un estremecimiento que hace que se fundan palabra y silencio, la voz del poeta se quiebra, todas las defensas parecen vencidas y entra en el dominio de la desposesión. Superadas todas las fronteras, desbordada en sí misma sin poder resistir, la poesía entra en el reino de la desesperanza. Esta oda, quizás como ninguna otra, deja oír un alma vencida, una a quien la visión hiere de manera irreparable, un alma en el colmo de la desolación. Por otra parte, no parece que haya sido en vano tanta espera tensa: un deseo tal de absoluto parece...

  13. 9
    (pp. 47-52)

    Ante la visión, la mente se detiene y piensa, duda y a la vez se aferra. Cabe preguntar si queda algún sostén, si acaso puede algo o alguien dar una certeza, proveer una ilusión, ofrecer asideros. El talante del poeta requiere en momentos así de su mejor talento. Lo que viene no podría ser otra cosa que el canto del instante. Aunque no sepamos lo que es, aun si pasa a través de nosotros con un destello tan veloz que impide nombrarlo, la poesía lo espera, al decirlo lo ve, al verlo extraña ya su paso. Y alguna lección deriva...

  14. 10
    (pp. 53-56)

    De comienzo a fin, el poema contiene una extraña sabiduría. Como otras odas de Reis, esta rebosa gestualidad, va mostrando movimientos sutiles, como cuando se le indica a un cuerpo cómo moverse en una escena. El espacio es la existencia, la más desnuda que quepa imaginar, una vida en los tiempos más graves. No se trata de un teatro cualquiera: el libreto quiere decir lo que casi ni se deja mencionar, pero aquello que a la hora indicada resulta clave si uno pretende actuar y hacer de uno algo acorde con un delicado saber, el acontecimiento hondo, la intuición esencial,...

  15. 11
    (pp. 57-60)

    El vino ha sido compañía para el hombre. No en vano le han cantado los poetas. En esta oda ese canto señala en la dirección de un poeta querido por Pessoa hasta el borde de la simulación: Omar Jayyam. Son profusos los versos del extraordinario poeta persa en que el vino es digno de elogio, como lo fue para griegos y latinos, pero con una marca especial: el vino es el maestro del olvido. Enseña a conocer el instante, y por eso es un revelador y un consuelo. Si no fuera por su influencia, seríamos arrastrados por un risco en...

  16. 12
    (pp. 61-64)

    Aun así, la palabra poética nos fue dada para la queja. Y también como consuelo, uno entre los pocos que quedan. Que le sea dado al hombre un consuelo parece ya mucho. En un mundo anegado, hundido en su propia negación. Un mundo lleno de su propia ausencia, para emplear una de las fórmulas paradojales tan constantes en el decir de Pessoa. Entre ese consuelo y esa queja se abre la conciencia como lugar. Conciencia implacable, luz sin tregua ni mengua. Esa conciencia es como una condena, es no poder dormir, ni descansar ni ausentarse. Esa luz está allí siempre,...

  17. 13
    (pp. 65-68)

    ¿Qué le queda a la poesía en los tiempos que corren, tiempos en los cuales, si nos detenemos a examinarlos, casi nada queda y los poetas se muestran perplejos? ¿Qué queda en semejante sequía, en la pobreza de alma que hace que todas las voces digan casi lo mismo: el coro inútil y cansado de una vida que se finge existir, exangüe y ya casi muerta? Pero la poesía parece saberlo, y quedan acaso algunos poetas, o si no, la posibilidad de recurrir a los poetas ya muertos, vivos en su palabra, que actúa y habla como si fuera epitafio....

  18. 14
    (pp. 69-72)

    Apenas resulta aceptable, pero es así: vamos perdiendo las edades, ellas van labrando en nosotros lo que va, allí donde no queda casi nada, acaso un rasgo, una señal, o la marca de una mudanza. Y a uno le corresponde mantener asidos esos pedazos, ligar esas líneas, darle forma a lo que no es sino fragmentación y retazo. Es así, y en muchos momentos de nuestra vida esa idea se nos da y quizás atormenta. Pero siempre, también, algo viene en nuestro auxilio: una idea o una esperanza, una ilusión o alguna promesa. Y olvidamos esos momentos: quedan apenas sus...

  19. 15
    (pp. 73-78)

    Ricardo Reis vuelve a la fuente del estoicismo. Cabe preguntar si lo mueve la nostalgia o si es más bien una necesidad de ocultarse. No resulta fácil adelantar una respuesta. Menos aún en un poeta en quien la simulación es personalidad. Pero, a pesar de ese juego, tenemos el poema. Querríamos afirmar que es lo único en un mundo en que no hay casi nada, una poesía voluntariamente pobre que insinúa poco y dice lo justo. Este estoicismo está hecho de elementos que nos son familiares: la renuncia y la aceptación, la abdicación y la serenidad.

    Entre tanto, ese recurso...

  20. 16
    (pp. 79-86)

    El paganismo de Ricardo Reis está coronado por la tristeza. Es esta una tristeza suave, casi imperceptible, que se deja reconocer por un gesto sutil, una palabra dicha con precisión y paciencia. Por sobre todo, una que no altera, que no quiera expresar enfado o insatisfacción. Una de las tareas que Pessoa imaginó en sus poetas fue la de restituir cierta vocación natural al lenguaje, decir lo menos posible, y con palabras justas, casi mudas, que no pongan ruido. Esta es una obligación del poeta debida a un gesto de probidad. Si las palabras no tienen de las cosas más...

  21. 17
    (pp. 87-96)

    ¿Qué significan para el poeta pagano los dioses tutelares? Sabemos que evoca y cultiva los dioses latinos, aquellos a los que rinden culto los poetas Horacio y Virgilio. Por supuesto, cabe preguntar si se trata de una adopción incondicional, o si por el contrario sufren alguna modificación, si son sometidos a alguna alteración. Nos inclinamos a creer que es así. Trataremos de acercarnos a la peculiaridad de la relación de Reis con esas deidades, su forma singular de relacionarse con presencias divinas y, en últimas, algunos rasgos de su particular paganismo.

    El asunto de los dioses se desprende en Reis...

  22. 18
    (pp. 97-100)

    Se hace claro para nosotros cómo surge de estas odas un consuelo efectivo. El alma se alivia de la desgracia del tiempo, de la herida de la fuga, del miedo creciente y consciente de la propia extinción. Se descarga de esa pesadumbre que, por momentos, se vuelve desesperada e insufrible. Por supuesto, no se vale de mentiras para ello. Es lo que suele pasarle a la especie: se miente para poder sobrevivir. Esta idea de la poesía tiene que ver más bien con mirar cara a cara el misterio, afrontarlo, hundirse en él. Se trata de aquello que está más...

  23. 19
    (pp. 101-106)

    El lugar es el mar, su orilla. El pronombre utilizado,nosotros.Es un nombre que despierta nuestra inquietud: desde un comienzo nos preguntamos si alude a dos que ahora están juntos o si, por el contrario, nombra nuestro ser desdoblado. Esenosotrosapunta a lo que somos, aquello que no podríamos borrar aunque quisiéramos. Para nosotros, un enigma. Nuestra condición terrenal, de la que hace parte el mar, esa línea que es la playa y que separa lo abismal y la tierra. Misteriosa separación. Apunta a lo inmenso, a eso que podemos ver, pero no atravesar, a no ser con...

  24. 20
    (pp. 107-112)

    Con o sin la muerte, en la dirección de ella o en su contra. Así parecían querer hablarnos estos poemas, como si una travesura del alma triunfara y tuviera sentido. Poemas que dicen lo irrevocable, pero que les dan boca a gestos en los que lo ineludible acaso por un momento se suspende. ¿Cómo podía ser que al mismo tiempo aceptar fuera abandonarse y celebrar, gozar de lo que nos amenaza y a la vez nos da el tiempo suficiente para saborear una existencia que por efímera resulta más plena? Y no dejaba de sorprendernos que los poemas se presentasen...

  25. 21
    (pp. 113-116)

    También Dios habitaen su nombre.El elogio al nombre como realidad, con un grado de evidencia semejante, constituye una intención en Fernando Pessoa. Sabe que así adopta una actitud ingenua: la de creer que hay conformidad entre palabra y cosa. Si bien es consciente de lo primitivo de esta idea, no deja de insistir en ella con dos fines que resultan paradójicos: mostrar la impotencia del lenguaje para decir la realidad, y por ende, el carácter incognoscible de esta y, al mismo tiempo, asumir ese imposible como tarea.

    En momentos así, la luz viene en nuestro auxilio. Compañera de...

  26. 22
    (pp. 117-120)

    El problema siempre será ir de las palabras al mundo, y saber no sacrificar el mundo por amor a las palabras. Es un asunto de tacto, discreción, reserva, pero, a la vez, de contención. Ahora sabemos que hay algo en las palabras que parece contrariar la realidad. Le toca al poeta sujetarlas, y a lo mejor, por esa vía, ellas entreguen también su discreción, aquella sutileza que tanto le encanta. Entre tanto, el mundo sigue su curso, lo abundante hacia lo pequeño, lo grande hacia lo casi invisible, despreocupado quizás de la tensión del hombre por expresar, aunque sea con...

  27. 23
    (pp. 121-124)

    Resulta tentador pensar que impera la fatiga, aquel cansancio que acompaña la decepción. ¿Cómo mantenerse justo y dispuesto? Si lo constante es un sentimiento de fracaso, ¿cómo hacer para no desistir? Pero al mismo tiempo nos sorprende, casi de una oda a otra, esa sucesión entrecontención y abandono,esa alternancia entre esfuerzo y dejadez, el sentimiento de fracaso y a la vez la sensación de estar colmados por algo, como si un raro equilibrio se asentara sobre nosotros dándonos la sensación de que no va a irse ya esa dicha, y que lo que venga no podrá ahuyentarla. Son...

  28. 24
    (pp. 125-128)

    ¿Nos hemos preguntado hasta aquí, de un modo consistente, lo que queda y eso que toca a la poesía? Muy de seguro esa es la pregunta y, a pesar de haber adelantado conjeturas, termina siendo inaplazable. Más si se trata, como es el caso, de una poesía que no deja de referirse a sí misma, de un poeta que solo existe en sus poemas. Por eso conviene situarse ante aquellos en que esa pregunta es explícita, esos que hablan de la poesía como forma de existencia y de los versos como un lugar. ¿Para guarecerse? ¿Para conocerse? ¿Para abandonarse? De...

  29. 25
    (pp. 129-130)

    ¿Y cómo puede el hombre seguir viviendo con eso? ¿Qué le ampara y motiva, si ya nada le habla? La pregunta apunta a todos, va dirigida a cada uno. Hay quienes viven sin preguntarse y acaso eso sea una ventura, pero, mirándolo bien, nadie vive en esa satisfacción. Somos lo que somos porque sabemos, y lo que sabemos no lo seremos nunca. Sabemos muchas cosas con las que nos engañamos y nos hurtamos de nosotros mismos. Hay un único saber, y es el que nos corresponde, y eso que intuimos no nos responde; es un saber que no se sacia,...

  30. 26
    (pp. 131-134)

    Queel hombre sea medida de todas las cosaslo sabemos con un saber que no ha cesado de multiplicarse, de extender sus efectos sobre la tierra. Es un saber que le ha servido y del que, por desgracia, se ha vuelto servidor. El asunto de la medida es lo que aquí nos importa y preguntamos: medida de qué, en beneficio de quién. Algo claro es que el hombre no ha dejado de extender su balanza. El hombre mide, y al hacerlo se desmide e introduce en su relación con las cosas toda su desmesura. Los instrumentos de que se...

  31. 27
    (pp. 135-136)

    Hay odas que son momentos de una gran belleza, simples, despojados. Es como si el poeta estuviese a solas con su alma. La oda misma marca los suspiros de ese corazón, las frágiles palabras que rozan sus labios. Todo es tan breve, el tiempo pasa tan de prisa, ni siquiera el justo para ver algo: tan pronto algo se nos da, se nos hurta: ya no soy el que veía,me otroinevitablemente. Nacemos niños y no alcanzamos a envejecer: escasamente algo reverdece, nos vamos jóvenes, en la plenitud de la edad, los dioses siempre han querido que muramos tiernos....

  32. 28
    (pp. 137-140)

    Pero la suerte nadie la dicta, y es nadie quien decide acogerla. Esa doble condición de nadie, ¿ de dónde viene? ¿ A qué se debe ese anonimato? Parece ser a este conocimiento al que esta oda quiere conducirnos. Conocimiento precioso entre todos, y por demás, difícil. Experimentación, diríamos, central en el pensamiento poético de Fernando Pessoa. Para ello inventó un verbo:otrarse.¿En qué consiste? ¿De dónde viene esa fuerza, ese impulso, esa inestabilidad que lleva, inspira y arrastra al poeta portugués? No vamos a intentar ahora desarrollar este asunto; nos vamos a limitar a leer, a la luz...

  33. 29
    (pp. 141-144)

    Eduardo Lourenço tiene razón al señalar que hay dos facetas en Ricardo Reis, como si dos voces no dejaran de interpelarse. Por nuestra parte, sentimos que hay odas en que esa tensión se hace manifiesta. Esta oda, por ejemplo, la lleva al extremo, y una de esas voces termina, si no acallando, al menos poniendo en suspenso a la otra. La primera voz apunta, por su lado, a reiterar la aceptación del destino, a mostrar la concordancia entre él y la vida que llevamos. Por el contrario, la segunda se lamenta, se yergue en su dolor y busca consuelo. Creemos...

  34. 30
    (pp. 145-148)

    Hemos hallado un lugar, en este descampado que parecían ser los poemas, extensión lúcida de la voz sin espacio de Fernando Pessoa. Cabe preguntar qué lugar es este. Presentimos cómo se llega a él, hemos sentido cómo nos iba llevando, un lugar quizás ya transitado por los pasos nunca trillados del hombre, pasos sin huellas y que no se pueden seguir sin extraviarse. Que aparezca de pronto un lugar es ya un consuelo, y querríamos rodearlo y saber qué muros se alzan y qué techo, pequeño pero suficiente para lluvias y vientos. Ese lugar está en el alma. El hombre...

  35. 31
    (pp. 149-152)

    De tanto viajar se llega a un punto y acaso no se pueda seguir más. El alma se detiene. Puede ser un presentimiento y la idea de la muerte. Es lo incesante y a la vez el vacío. El alma choca y el cuerpo se vara en un recodo. Todo se detiene, todo está hueco. Es un sentimiento común en Pessoa: la aprensión del vacío, el roce de lo desconocido, la respiración del misterio. En esas vecindades le gusta quedarse; despliega allí su repertorio de esperas. Quizás sea ahí donde más aguza los sentidos. Hay quienes han afirmado con autoridad...

  36. 32
    (pp. 153-154)

    El amor sin amor, el elogio de la soledad o el aprendizaje del amor que brota de una forma pagana de relacionarse. Si uno aprende a ver ya no puede amar ni sufrir ni gozar del mismo modo. Uno se vuelve otro y, por necesidad, aprende a estar solo. ¿Cuál es esa soledad que preconiza Reis, tan común también en Caeiro? Un paganismo lleva consigo una nueva forma de vivir. Conocer y habitar se vuelven una sola cosa. Esa actitud tiene, como sabemos, dos palabras para nombrarla: por un lado, la renuncia exige abandonar, despojarse, desprenderse de todo. La idea...

  37. 33
    (pp. 155-158)

    Ese yo-cuerpo, lugar único e incompartible, se mantiene abierto a los otros. No desaparecen las pasiones, el odio, la ira, el miedo: se filtran de otro modo. Su inteligencia acontece en otra dimensión. La poesía es ese filtro por el cual uno se decanta y no se deja deslumbrar por fulgores. Esa alquimia resulta importante a la hora de pulsar el valor estoico de esta poética. Se trata de vivir de otra manera, de acuerdo a una comprensión distinta del mundo. ¿Cómo llegar a vivir de otro modo ahora que todo parece diluirse, que los límites resultan falsas separaciones y...

  38. 34
    (pp. 159-164)

    Aun así, el sentimiento del sinsentido puede ser calmo y discreto. El alma pasa de uno a otro estado, ve lo terrible y se consuela sola. ¿De dónde surge este consuelo en que el yo se refugia de su propia inclemencia? El poema calma el alma, entibia las horas. No es una actividad, sino más bien un lugar; las palabras son el único lugar. Una vez no queda nada y el sentido de todo no está, quedan las palabras: componer las palabras sin referente alguno, colocarlas como espejos de un alma que en nada se mira. Esta fe en la...

  39. 35
    (pp. 165-170)

    Elogio de la escritura. La poesía no canta: escribir es un leve lamento. Lleno de ecos, repleto de voces, multiplicando su sonido hasta la muchedumbre, Pessoa piensa de comienzo a fin la escritura, su sinsentido, su absurdo, su inevitabilidad. La escritura es la forma que toma para él el destino. Otros lo viven ignorándolo, hay unos pocos que eligen la vía de la santidad, otros más se entregan ociosos. En el acto de escribir hay un poco de todo eso, pero hay algo que no está sino ahí, la inmolación del alma a las palabras, el sacrificio de las palabras...

  40. ÍNDICE TEMÁTICO
    (pp. 171-172)
  41. BIBLIOGRAFÍA
    (pp. 173-176)