Con Antonio Alatorre

Con Antonio Alatorre: In memoriam, 1922-2010

Con Antonio Alatorre
Copyright Date: 2012
Published by: Colegio de Mexico
https://www.jstor.org/stable/j.ctt14jxr67
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    Con Antonio Alatorre
    Book Description:

    Este volumen reúne diversas voces que ofrecen testimonios y rinden un homenaje al maestro, autor de libros capitales como los 1001 años de la lengua española y de importantes ediciones, antecedidas por las profundas y eruditas reflexiones de Alatorre sobre sus autores favoritos y sus géneros predilectos, como las Fiori di sonetti / Flores de sonetos, El brujo de Autlán y numerosísimos artículos.

    eISBN: 978-607-462-540-0
    Subjects: Language & Literature

Table of Contents

  1. Front Matter
    (pp. 1-6)
  2. Table of Contents
    (pp. 7-8)
  3. PRESENTACIÓN
    (pp. 9-10)
    Luzelena Gutiérrez de Velasco

    Los grandes maestros como Antonio Alatorre no mueren, se convierten, se transforman en nuestra energía. Por ello decidimos dedicarle esta conmemoración con alegría y vitalidad. Eso le hubiera gustado, aunque rechazaba la idea de recibir homenajes.

    Cuando él escribió la nota inicial en el número de laNueva Revista de Filología Hispánicaelaborado en honor a Raimundo Lida que se publicó en 1980, lo pensó como un homenaje “breve”, “íntimo”, “de familia”. Así, para conmemorar a Antonio Alatorre presentamos un homenaje de familia, con sus colegas y sus discípulos. Se reúnen aquí los trabajos presentados en los homenajes, uno realizado...

  4. ANTONIO ALATORRE
    (pp. 11-12)
    Silvia Alatorre

    Antonio Alatorre, el erudito, el sabio, el maestro, el gran filólogo, ha sido y seguirá siendo conocido por sus escritos, por sus artículos, por sus libros. Por su enorme inteligencia, su capacidad analítica, su espíritu crítico, su gusto por la polémica, su insaciable sed de conocer y entender, no sólo lo referente a la lengua y sus hablantes y escribientes, también lo que atañe a la antropología, la astronomía, la biología, la psicología, etcétera y así sucesivamente, y así sucesivamente etcétera (esto último es una cita de una de sus traducciones no conocidas: la deLa lecciónde ionesco).

    Quienes...

  5. ANTONIO ALATORRE
    (pp. 13-16)
    Tomás Segovia

    Parece ser que Antonio dejó dicho que no quería ni velorio ni homenajes. Sin duda es perdonable que quebrantemos ese mandato, como es perdonable que Max Brod haya quebrantado el de Kafka. Pero no olvidemos que estamos quebrantando un mandato. No es principalmente eso, sin embargo, lo que me cohíbe para escribir un homenaje a Antonio Alatorre, sino sobre todo un pudor invencible de trasladar el sentido de una larga y profunda amistad al ámbito de los discursos públicos. Mi aportación no será pues un discurso, sino un poema. Me doy cuenta de que eso es un poco escurrir el...

  6. DONDE ESPUMOSO EL MAR SICILIANO… UN RECUERDO MITOLÓGICO DE ANTONIO ALATORRE
    (pp. 17-28)
    Raúl Ávila

    el que no se nota. Por lo tanto, si lo que sigue se nota, no está en el mejor estilo. Eso me lo dijo Antonio Alatorre cuando empezábamos a conocernos, cuando compartió conmigo — y con sus demás alumnos del tercer grado de la Facultad de Filosofía y Letras de la UNAM—nada menos que a John Middleton Murry¹ y a los Wellek y Warren². Otra cosa que aprendí con él fue que todo podía ser sujeto a discusión. Precisamente por eso logró su objetivo: que ya no supiera yo qué era la literatura, pues no sólo se refería a la...

  7. MI AMISTAD CON ANTONIO ALATORRE
    (pp. 29-34)
    Antonio Carreira

    Me ha parecido oportuno explicar muy brevemente cómo pudo nacer mi amistad con Antonio Alatorre, que era 21 años mayor que yo, y objeto de admiración desde mis tiempos de estudiante. Así se justificará algo mejor que el Fondo de Cultura Económica me haya invitado para participar en su homenaje, cosa que agradezco en el alma a sus dirigentes.

    El año 2000 Alatorre, bajo el epígrafe “De Góngora, Lope y Quevedo”, publicó en laNueva Revista de Filología Hispánicaun artículo-reseña cuya primera parte se ocupaba de dos libros míos: una edición crítica de losRomancesde Góngora, en cuatro...

  8. ANTONIO ALATORRE: ITINERARIO DE UN LECTOR
    (pp. 35-44)
    Rose Corral

    Como un “lector”, un lector ávido, de enorme curiosidad, así quisiera recordar al profesor Antonio Alatorre, y pienso que tal vez a él no le hubiera disgustado. Porque en efecto fue así cómo lo conocí en los lejanos años setenta, en El Colegio de México de la colonia roma, en un edificio de varios pisos que funcionaba como una casa grande, una suerte de prolongación, imagino, de lo que fue en su origen La Casa de España, a cuyo recuerdo Alatorre dedicó uno de sus últimos textos, “La Casa de España en México, mi casa”. Antonio Alatorre, en sus propias...

  9. HOMENAJE A ANTONIO ALATORRE
    (pp. 45-52)
    Margit Frenk

    En los varios homenajes que se le han venido dedicando a Antonio Alatorre, se ha subrayado, con toda razón, el valor de sus varios y variados trabajos filológicos y la trascendencia de sus enseñanzas. Yo les voy a hablar de lo único que sé mejor que nadie, de la vida en común que vivimos Antonio y yo entre 1949 y 1975, como marido y mujer, como padres de tres hijos, como compañeros de trabajo y, por si esto fuera poco, como músicos aficionados. De nuestra separación en 1975 sólo diré que los amigos y compañeros no querían aceptarla. Todavía después...

  10. CUANDO ALATORRE SE CONVIRTIÓ EN ANTONIO
    (pp. 53-60)
    Aurelio González

    Antonio Alatorre fue un hombre de personalidad controvertida, contrastante y atractiva que podía causar fascinación o incluso rechazo, valorado y temido, y a quien le gustaba provocar y mover las aguas, pero que en otro sentido era tímido y retraído; desde la cumbre académica podía rechazar el academicismo, dividía las opiniones sobre él, pero en lo que todo mundo coincidía era en su inteligencia y erudición, capacidad de trabajo y rigor.

    Para todos los que discurrimos por el ámbito de la literatura hispánica el nombre de Antonio Alatorre era, desde la época en que uno se iniciaba en los estudios...

  11. DESATAR UN NUDO DE RECUERDOS
    (pp. 61-66)
    Luzelena Gutiérrez de Velasco

    Como muchos de mis colegas, puedo decir que cuando llegué a El Colegio de México el primer profesor del CELL que conocí fue a Antonio Alatorre. En la calle de Guanajuato, en su cubículo, me recibió. Estaba sentado en su sillón y leía muy abstraído de espaldas a quien entraba, volteó y me acogió con seriedad sin aspavientos, así era él. Yo venía desde Guadalajara con los saludos de sus amigos dePan,la mítica revista, y ellos mis profesores Adalberto Navarro Sánchez, el estudioso deBanderade Provincias y editor deEtcaetera, y Juan José Arreola, que por aquel...

  12. CELEBRACIÓN DE ANTONIO ALATORRE
    (pp. 67-72)
    David Huerta

    En diversos lugares de su vasta obra escrita — libros, artículos, prólogos, polémicas, reseñas—, Antonio Alatorre fue dejando diseminadas muchas ideas, a veces contrastantes, sobre la lectura. Pongo aquí, con toda intención, esta frase: “vasta obra escrita”, para empezar de una vez por todas a acabar entre nosotros con la idea o imagen, equivocadísima, de Antonio Alatorre como autor de un solo libro, o como escritor de obra escasa; lo llamoescritorcon todas sus letras por una razón parecida: no por el hecho de no haber publicado libros de poesía o novelas Alatorre no es un escritor tan genial...

  13. MEMORIA DE ANTONIO ALATORRE
    (pp. 73-88)
    Yvette Jiménez de Báez

    Antonio Alatorre fue sin duda el primer maestro mexicano (podría decir el primer mexicano) con quien conversé, al llegar a la Ciudad de México en febrero de 1958. Tendría apenas unos dos días de haber llegado de Puerto Rico para hacer el doctorado y acababa de aprobar el último examen de la Maestría unos días antes de tomar el avión. Traía la encomienda de varios profesores y profesoras, desde mucho antes de salir, de aprovechar al máximo todo lo que pudiera ofrecer El Colegio de México, aunque estaba en crisis, sobre todo económica. Dos habían sido alumnos de Raimundo Lida...

  14. HOMENAJE A ANTONIO ALATORRE
    (pp. 89-102)
    Luis Fernando Lara

    A los 88 años de edad Antonio Alatorre llegó al final de su vida 1. Los últimos habían sido de sufrimiento corporal, no así del espíritu; todo lo contrario; parecía que su conciencia de la finitud, amplificada por las enfermedades del corazón y los pulmones, lo había espoleado para llevar a cabo una actividad permanente e intensa, completando ciclos de estudio y escribiendo artículo tras artículo, para dejar una obra que, si bien no habría considerado terminada — no está ni en la naturaleza de la filología ni en la sangre de un filólogo pensar que una obra propia se cierra...

  15. IMÁGENES DE ANTONIO ALATORRE
    (pp. 103-110)
    Anthony Stanton

    Yo nunca fui alumno de Antonio Alatorre. A diferencia de otros participantes en este homenaje luctuoso*, mi primer contacto con él fue como colega cuando entré en El Colegio de México en 1986, hace 25 años. Casi desde el principio lo buscaba cuando tenía dudas y preguntas sobre la poesía renacentista y la barroca, campos en los cuales su autoridad era ya legendaria. Más específicamente lo buscaba por sus conocimientos sobre cuestiones de métrica y versificación. Así, cuando no podía aclarar mis dudas en consultas con mis amigos poetas (Octavio Paz, Tomás Segovia o José Emilio Pacheco), mi último recurso...

  16. ANTONIO ALATORRE
    (pp. 111-120)
    Martha Lilia Tenorio

    “No me vengáis a decir que debo ocuparme de la gran historia — dice un personaje deLos cien díasde Joseph Roth—a mí me gustan las historias pequeñas”. Mi testimonio, inevitablemente personal, tiene que ver con la pequeña gran historia que fue mi relación con Alatorre.

    No es fácil aceptar que Antonio Alatorre ya no está: la muerte de aquellos que están empeñados en una obra inmortal me parece cruel y prematura. Para hombres como mi profesor, que alargan su memoria a través de sus obras, no hay muerte que no sea prematura, pues siempre interrumpe una obra inacabada....

  17. ANTONIO ALATORRE
    (pp. 121-130)
    James Valender

    Para mí, como para varios de mis colegas (me imagino), Antonio Alatorre fue una figura legendaria que habitaba el mundo de los libros y las revistas, pero que muy de vez en cuando se desdoblaba en una sombra silenciosa que paseaba rápida y silenciosamente por los pasillos de El Colegio, camino, casi siempre, a las oficinas de laNueva Revista de Filología Hispánica. En un principio, al verlo pasar tan veloz, me preguntaba si no sería por temor a que alguien se fijara en él, le dirigiera la palabra, y así le quitase tiempo valioso que hubiera preferido dedicar a...

  18. MEMORABILIA
    (pp. 131-140)
    Martha Elena Venier

    En uno de los ensayos escritos después de la segunda edición de suErasmo, Bataillon alude al auge del libro en tiempos del polígrafo, quien “aceptó sus servidumbres, desde la larga paciencia de la corrección de pruebas hasta la prisa que le imponía a veces el ritmo estacional de lo que hoy llamamos lanzamiento y comercialización del libro”. La correspondencia que precedió a la traducción de su libro está matizada con frecuencia por esas preocupaciones y servidumbres.

    Dos años antes de la publicación, Bataillon informa que ha puesto en camino un ejemplar de suErasmo(“rescatado de una herencia familiar”)...

  19. Back Matter
    (pp. 141-144)