¡Viva la muerte!

¡Viva la muerte!: Política y cultura de lo macabro

RAFAEL NÚÑEZ FLORENCIO
ELENA NÚÑEZ GONZÁLEZ
Series: Estudios
Copyright Date: 2014
https://www.jstor.org/stable/j.ctt155jjb9
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    ¡Viva la muerte!
    Book Description:

    "¡Viva la muerte!" es el grito de Millán Astray, fundador de la Legión. En efecto, vive la muerte podía ser la triste constatación de su rival, Miguel de Unamuno, en la ceremonia que tiene lugar en la Universidad salmantina en 1936. Pese a su disparidad, entre la mística necrófila del fascismo y el pesimismo de la inteligencia, se aprecia una base común: la abrumadora presencia de lo macabro en la cultura y política españolas del siglo XX. Sus raíces son profundas. Lo macabro desempeña un papel crucial en nuestra cultura, desde las danzas de la muerte medievales a la vanitas barroca (Valdés Leal), desde el suicidio romántico (Larra) a la recreación de la España negra (Regoyos), desde la estética de lo sórdido (Solana) al tremendismo (Cela). A su vez, lo macabro ha tenido una incuestionable dimensión política como arma de intimidación antes, durante y después de la Guerra Civil, y como instrumento de reafirmación y propaganda (la necrofilia franquista). Ahora, en nuestros días, la memoria histórica se polariza en la oportunidad o no de exhumar fosas comunes. Lo macabro nos espanta, atrae y desconcierta, pues limita al norte con el horror, al este con la ira, al oeste con el asco y al sur con el humor negro. Nadie ha visto jamás una calavera seria.

    eISBN: 978-84-15963-30-1
    Subjects: History

Table of Contents

  1. Front Matter
    (pp. 1-8)
  2. Table of Contents
    (pp. 9-10)
  3. FLASH-BACK: SALAMANCA, 12 DE OCTUBRE DE 1936
    (pp. 11-18)

    Vamos a empezar contando una mentira.

    Bueno, nuestra inevitable tendencia a la precisión conceptual —que tratamos de ennoblecer como prurito profesional— nos impide continuar sin añadir una importante matización: no es exactamente una mentira lo que vamos a contar, sino una determinada interpretación de la realidad que, por las razones que luego se alegarán, podemos calificar, si no abiertamente como falsa, sí al menos como gravemente distorsionada. Entonces —se nos argüirá— ¿por qué le damos pábulo? También a esto contestaremos más adelante, pero permítasenos que empecemos de una vez con la recreación del acontecimiento histórico que nos va a servir...

  4. INTRODUCCIÓN A DESTIEMPO Y A DOS TIEMPOS
    (pp. 19-32)

    Que esta introducción aparece a destiempo, varias páginas después de lo que es habitual y razonable, salta tan a la vista que no requiere una palabra más. Pero, a la vez, los autores creen que no pueden prescindir de ella, aunque hayan querido empezar por un hecho histórico que aspira a hablar por sí mismo. El caso es que en nuestra opinión sí requiere algunas palabras de explicación —no muchas— un libro de estas características, aunque solo sea por cortesía de los autores ante un potencial lector que puede sentirse desconcertado ante un volumen que tal vez no sepa exactamente...

  5. Capítulo I ¡VIVA LA MUERTE! ¡MUERA LA INTELIGENCIA!
    (pp. 33-56)

    ¿Quién puede gritar «¡Viva la muerte!»? Cualquiera que, como se diría en francés, pretendaépatero, por seguir una acuñación del mismo idioma, se recree en lasboutades. Pero… ¿quién puede gritar en serio «¡Viva la muerte!»? Puede entenderse quizás en situaciones límite, en boca de un guerrero que, en condiciones desesperadas, busca enardecer a sus hombres o sublimar una previsible derrota o hacer de la resistencia hasta el final un acto supremo de inmolación o de heroísmo.

    Pero… ¿quién puede hacer de ese grito su divisa permanente, su seña de identidad, su —extrememos la paradoja— «razón de vida»? Aquí...

  6. Capítulo II VIVE LA MUERTE. LA INTELIGENCIA PESIMISTA
    (pp. 57-92)

    España es un país que se deleita en la muerte. No lo decimos nosotros, primero, porque no creemos que eso sea cierto y, segundo, porque, aunque pensáramos que tal afirmación tuviera grandes visos de ser cierta, carecería de sentido por su generalización abusiva, en el espacio —¿España, toda España, todos los españoles?— y en el tiempo —¿en todos los momentos históricos, en cualquier época?—. Pero no podemos desconocer que hubo un tiempo, una larga temporada, entre las décadas finales del siglo xix y comienzos del xx, que se puso de moda una corriente esencialista que pretendía buscar el alma...

  7. Capítulo III DANZAD, DANZAD, MALDITOS
    (pp. 93-120)

    A finales de los años sesenta, concretamente en 1969, se rodó una película norteamericana que se titulaba originalmenteThey Shoot Horses, Don’t They?, un rótulo que les debió parecer poco atractivo a los distribuidores españoles que, con la creatividad que derrochaban en ocasiones como esta, no perdieron la oportunidad de rebautizarla con el —por otro lado— también extraño título deDanzad, danzad, malditos. La película les sonará a los cinéfilos y aficionados en general, porque estaba dirigida por un cineasta que aunaba en su persona progresismo, calidad y comercialidad —tres en uno—, Sidney Pollack, y estaba protagonizada por una...

  8. Capítulo IV VANITAS VANITATIS
    (pp. 121-152)

    A lo largo de estas páginas hemos tenido ocasión de referirnos a diversos aspectos de lavanitas, esa manera de ver el mundo que para algunos mana en primer término de los textos bíblicos, pero que está también presente en la cultura grecorromana, se mantiene durante la mayor parte de los siglos en la cosmovisión cristiana y se exacerba en determinados momentos históricos, como el siglo xvii, durante el período que tradicionalmente conocemos como época barroca. Permítasenos ahora, antes de entrar en faena, una digresión a modo de pincelada frívola para refrescar el tono pesaroso que inevitablemente tendrán las páginas...

  9. Capítulo V MORIR DE AMOR
    (pp. 153-194)

    «Dile al alma de mi alma / que voy muriendo de amor», proclama José Zorrilla enLa amapola. «Murió de amor la desdichada Elvira», canta José de Espronceda enEl estudiante de Salamanca. «Y abandonada del inicuo amante, / la muerte al cielo con afán pedía», se lamenta Ángel de Saavedra, duque de Rivas, enLucía. «Nadie pensó que moría / de un desengaño de amor», mantiene Rosalía de Castro enLa flor. «De su amor infeliz víctima / buscó en la muerte el reposo», escribe García Gutiérrez enElvira. «Su desgraciado amor es quien le mata», dictamina Juan Eugenio...

  10. Capítulo VI MÁS VALE MORIR DE PIE…
    (pp. 195-220)

    En un ámbito —el de la esfera pública— en el que solo tenían cabida los hombres, en un escenario —el de la política— en el que solo se escuchaba la voz de los hombres y en unas circunstancias —prebélicas primero y de guerra abierta luego— en las que solo contaban las cualidades supuestamente masculinas, una mujer dejó una huella imborrable, no ya en el estrecho marco español, sino en una parte considerable del mundo, desde Washington a Moscú, pasando naturalmente por toda Europa. Era, como se decía coloquialmente, una mujer del pueblo, que hablaba un lenguaje sencillo y que por...

  11. Capítulo VII ¡ME CAGO EN TUS MUERTOS!
    (pp. 221-252)

    Como ya hemos aludido, hay muertes… y muertes. Y, por tanto, aunque no en el mismo sentido, hay muertos… y muertos. Y decimos que no en el mismo sentido porque ahora no queremos hablar de la diferenciación entre muertes naturales, accidentales, vulgares o «burguesas», por un lado, y muertes épicas, voluntarias, heroicas o revolucionarias, por otro, sino de otra distinción más pedestre, la que se hace entre los muertos de uno y otro lado, del bando propio o ajeno, la discriminación entre los camaradas «caídos» y los enemigos «eliminados». Los buenos y los malos, por decirlo en una palabra. A...

  12. Capítulo VIII ¡QUÉ BONITO ES UN ENTIERRO!
    (pp. 253-292)

    Aquí vendría al pelo la frase delGuerrade que «hay gentepa to»: incluso para encontrarle la gracia a un entierro y luego escribir esos versos, que se atribuyen a un afamado polígrafo de posguerra, Mariano Povedano. Con la misma acuñación de «¡Qué bonito…!» hay una canción de una sola estrofa que dice:

    «¡Qué bonito es un entierro,

    qué bonito es un entierro!

    Iré a verte al cementerio

    con una flor y un perro,

    con una flor y un perro».

    La canción aparece en una película de Alejandro Jodorowsky,Fando y Lis(1968), basada en una obra de teatro...

  13. Capítulo IX LA MUERTE… ¿FIESTA NACIONAL?
    (pp. 293-372)

    «El pobre animal, abandonado a sí mismo, se puso a atravesar el ruedo vacilando como si estuviera bebido, y enredándose los pies con sus entrañas. Unos borbotones de sangre negra salían impetuosamente de su llaga y marcaban en la arena unas rayas en zigzagues intermitentes que ponían de manifiesto la irregularidad de su marcha. Y por fin vino a caer junto a las tablas. Levantó dos o tres veces la cabeza, revolviendo un ojo azul ya moribundo, retirando hacia atrás sus labios blancos de espuma que dejaban ver sus dientes descarnados. Su rabo daba unos débiles golpes sobre la arena....

  14. Capítulo X LA MUERTE NO ES EL FINAL
    (pp. 373-406)

    Hay «tradiciones» cuyos orígenes están literalmente a la vuelta de la esquina. En contra de lo que suele creerse, el himno «La muerte no es el final» no tiene una larga raigambre, sino que procede de la década de los ochenta del siglo pasado (es decir, algo más de treinta años), cuando el teniente general Sáenz de Tejada encargó al compositor Tomás Asiaín la adaptación musical de unas estrofas de una sencilla composición religiosa del sacerdote vasco Cesáreo Gabaráin. Desde mediados de la citada década aproximadamente, la letra y la música de «La muerte no es final» han estado presentes...

  15. NOTAS
    (pp. 407-440)
  16. BIBLIOGRAFÍA CITADA
    (pp. 441-466)
  17. LISTA DE ILUSTRACIONES
    (pp. 467-468)
  18. ÍNDICE ONOMÁSTICO
    (pp. 469-477)