Cuentos de la Panchita

Cuentos de la Panchita

Alicia Morel
Ilustraciones Pablo Andrés Jullian
Copyright Date: 2014
Edition: 1
Published by: Ediciones UC
Pages: 74
https://www.jstor.org/stable/j.ctt15hvtjf
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    Cuentos de la Panchita
    Book Description:

    Estas nueve historias nacieron de los relatos de la Panchita, una campesina que recuerda su niñez en el campo entre gallinas, pavos, vacas y patos. Pero eso no es todo, porque junto a sus pequeños hermanos, nuestra protagonista también verá tortillas voladoras, lenguas de fuego, mujeres que parecen brujas y agua como oro. Alicia Morel nos entrega una muestra más de su talento con este maravilloso nuevo libro que encantará a todos los niños y a quienes todavía sueñan con los días que se fueron.

    eISBN: 978-956-14-1552-2
    Subjects: Language & Literature

Table of Contents

  1. Front Matter
    (pp. 1-6)
  2. Table of Contents
    (pp. 7-8)
  3. Prólogo
    (pp. 9-10)
    Alicia Morel

    Estos cuentos nacieron de los relatos de una campesina, Emilia Calixto, quien, recordando su niñez en el campo, contó los variados acontecimientos que le ocurrieron a ella y a sus pequeños hermanos.

    Aquí figura con el nombre de Panchita y relata el día en que “el perro grande” siguió al pequeño Juan cuando subió el cerro para llevarle a su padre la vianda, una cazuela, que cada día recibía don Manuel en medio de su trabajo.

    También describe a una mujer con fama de bruja a la que sus hermanos le tenían mucho miedo. No sin razón.

    O nos muestra...

  4. Panchita, la campesina
    (pp. 11-14)

    Panchita, la campesina, echó una docena de huevos celestes y un queso fresco de cabra en un canasto y partió en bus a la ciudad, donde vivía su prima Amalia. Se los llevaba de regalo, como una sorpresa.

    -¡Qué lindos estos huevos de color celeste! -exclamó admirada- deben ser muy sabrosos.

    -Los celestes los pusieron las gallinas colloncas.

    -¿Qué significa “collonca”?

    -Así se llaman las gallinas mapuches, que no tienen cola; las que trajeron los españoles, sí que tienen una gran cola de plumas.

    -Sabes mucho de gallinas -dijo Amalia.

    -Vivo en el campo, donde hay muchas cosas que tú...

  5. La cabaña
    (pp. 15-18)

    La cabaña de Panchita estaba muy al sur, donde la lluvia tiene su casa. La madera de sus paredes se había puesto de color gris y el techo estaba cubierto de musgos, algunos muy crecidos, que hacían señas desde lejos, con el soplo del viento.

    Junto a la cabaña había dos habitaciones comunicadas entre sí, que daban calor a la casa y la protegían de los ventarrones. En la primera, ancha y alta, encendido día y noche, estaba el fogón; en la otra se guardaba la leña y tenía un altillo para guardar variadas cosechas. Una escalera de troncos conducía...

  6. El ternero
    (pp. 19-26)

    Cayeron las primeras lluvias otoñales y con ellas aumentaron las nieblas mañaneras y los trabajos de recolección de frutos. Las telarañas amanecían dibujadas por el rocío.

    Antonio se preparaba para recoger las manzanas limonas que brillaban en el manzano, junto a la casa.

    Una mañana brumosa, sin tener otra cosa que hacer, Panchita y Antonio se subieron al techo del cobertizo para mirar al ternero recién nacido de la vaca. Como madre celosa, la Carpintera desconfiaba de cualquier visita; al sentir las pisadas y ver asomarse unas caras por el techo, el animal se inquietó y lanzó unos mugidos que...

  7. Doña Doralisa
    (pp. 27-34)

    A fines del verano el altillo estaba repleto: sacos de trigo, porotos pallares y habas secas, cebollas, varias hileras de manzanas limonas y peras, frascos de mermelada de murta y mosqueta. Tampoco faltaban las botellas de guindas en aguardiente.

    La paja de trigo, prensada en fardos, serviría de alimento a los animales durante el largo invierno. Los olores de todas estas cosas bajaban al cuarto del fogón trayendo el recuerdo del sol y días seguros.

    Viendo su riqueza, Matilde recordó a doña Doralisa, vecina viuda del lugar.

    -Miguel, creo que podemos regalar un saco de trigo y algunas medidas de...

  8. Lengua de fuego
    (pp. 35-38)

    Un tiempo después doña Matilde supo que Doralisa estaba enferma.

    -Panchita, tráeme de la huerta llantén y natre y un poco de matico. Doralisa está enferma y le llevaré remedios, no tiene quien la cuide.

    -Pero mamá, ¿no se acuerda de lo que le hizo a la chancha de Antonio?

    -Sí, pero no hay que guardar rencores. Tampoco estoy segura de que sus poderes lleguen a tanto.

    -Es una bruja envidiosa –alegó la niña.

    -Es más envidiosa que bruja; la envidia es como tener un ratón en la cabeza, mordiendo, mordiendo. Y no se hable más. Trae las hierbas que...

  9. El regalo de abril
    (pp. 39-44)

    Después de la primera lluvia, en abril, salían de todas las cabañas mujeres y niños a recoger dihueñes. Estos hongos deliciosos, parecidos a pequeñas naranjas, crecían en racimos sobre los troncos de robles y pellines. Otras muchas especies de callampas brotaban como por magia, abriendo paraguas y abanicos de diferentes colores. Era el regalo del otoño para los que trabajaron duramente en siembras y cosechas.

    Nora y Antonio se preparaban desde hacía días para esta fiesta. Una asoleada mañana, la inquietud se apoderó de los niños al ver gente yendo hacia los bosques.

    -¿Habrán salido ya los dihueñes? -preguntaron a...

  10. Las tortillas voladoras
    (pp. 45-50)

    Una hermosa mañana los niños resolvieron pasar el día en una especie de terraza que habían construido sobre la quila, bambú que crecía cerca de la casa. Los niños la llamaban el “segundo piso”. Panchita prometió cocer unas tortillas especiales.

    -Mientras las amaso y se cuecen entre la ceniza del rescoldo, esperen tranquilos allá arriba, no sea que alguno se caiga de cabeza –advirtió.

    Junto a la cocina, sobre una repisa, doña Matilde manejaba dos grandes tarros: uno con harina blanca llamada de “flor” y otro con harina negra para el pan candeal o galleta campesina. Panchita no abrió ninguno...

  11. El perro grande
    (pp. 51-58)

    Un día con otro día, Nicolás fue creciendo: de pequeño que era, se transformó en un niño de buena estatura y forzudo, para sus seis años. Subía cerros y era capaz de llevar sobre su espalda leños grandes y sacos de varios kilos. Miguel le había fabricado una pequeña hacha para cortar los palos que se usaban en la cocina.

    Doña Matilde se alegraba de verlo tan trabajador. Quiso recompensarlo por las ayudas y crió para él un perro, al que como siempre, le instaló la cama bajo la cocina; según su experiencia, así salía bravo. Le dio a oler...

  12. El agua de oro
    (pp. 59-66)

    Durante meses, no paró de llover. El invierno se hizo largo, hubo grandes inundaciones, los caminos se cortaron. No se podía avanzar por los senderos barrosos, sólo hacían trabajos caseros y una que otra salida donde los vecinos cuando se necesitaba ayuda. El estero que pasaba cerca de la cabaña creció hasta formar un caudal y arrasó siembras y potreros, y llegó hasta la puerta de la casa. Ahí se detuvo, lamiendo las piedras que Miguel puso a la entrada.

    Quizás qué pasaba en las entrañas del monte donde nacía el agua, qué revoltura de rocas y vetas escondidas, laberintos...

  13. La cazadora de patos
    (pp. 67-76)

    La hondonada que se abría al otro lado del camino tuvo siempre un atractivo especial para Panchita y sus hermanos. Matilde no les permitía internarse solos en los tupidos bosques, donde multitud de animales tenían su paraíso. Allí se ocultaban los cazadores de pumas, güiñas y zorros. Y los que llevaban presas a sus familias para comerlos: pudúes, liebres, conejos. Miles de aves cantaban entre los ramajes o a la orilla de los riachuelos: tordos, chucaos, carpinteros, chirigüitas. Bandadas de choroyes gritones volaban de pronto como nubes verdes. También toda clase insectos, entre ellos, el ciervo volante con sus largas...

  14. Back Matter
    (pp. 77-77)