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Notas a pie de página

Notas a pie de página: Memorias de un hombre con suerte

ALONSO ÁLVAREZ DE TOLEDO
MERRY DEL VAL
Copyright Date: 2013
https://www.jstor.org/stable/j.ctt6wpscr
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  • Book Info
    Notas a pie de página
    Book Description:

    El autor nos invita en este libro a revivir algunas escenas memorables de su afortunada biografía diplomática, en un recorrido, a veces sentimental y siempre lúcido, desde los despachos de Franco y de Castiella hasta la Conferencia de Madrid sobre Oriente Medio; desde la entrada de España en la OTAN hasta la inauguración de los Juegos Olímpicos de Barcelona y desde el exilio de Perón a la caída del Muro de Berlín, a la que él contribuyó más de lo que nunca pudo imaginar. Gracias a un estilo directo y ameno, el lector logra disfrutar de una visión muy cercana, a veces tierna y a veces irónica, de acontecimientos y personas que la historia con mayúscula suele mostrar revestidos de trascendencia pero que ahora se nos muestran con naturalidad y sin dramatismo.

    eISBN: 978-84-15817-79-6
    Subjects: History, Political Science

Table of Contents

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  1. Front Matter
    (pp. 1-10)
  2. Table of Contents
    (pp. 11-12)
  3. Agradecimientos
    (pp. 13-14)
  4. 1 Presentación
    (pp. 15-28)

    Cuando en la escalera de la vida uno llega al octogésimo peldaño, es comprensible que quiera, mientras recobra el resuello, volver la vista atrás y buscar a alguien con quien compartir vivencias y recuerdos. Ese alguien, lector o lectora, eres tú.

    Hace ya muchos años, un escritor a quien traté bastante me dijo que si todos los seres humanos quisieran y fueran capaces de escribir sus memorias, no habría dos autobiografías iguales. Explicaba esto mi amigo por el hecho de que, al tratar de recrear el argumento de nuestra novela individual, acabamos siempre escogiendo aquello que creemos que más nos...

  5. 2 A la sombra del poder
    (pp. 29-38)

    En febrero de 1957, precisamente cuando mi promoción se incorporaba al Ministerio, Alberto Martín Artajo fue reemplazado por Fernando María Castiella, quien permaneció al frente de Asuntos Exteriores hasta 1969. Mucho se ha escrito sobre él y no pretendo añadir nada nuevo de mi cosecha. Recordaré solamente algunos detalles de nuestra relación, siempre cordial. Su afecto y su amistad constituyeron un ejemplo más de la buena suerte que —pese a algún que otro pesar— me ha acompañado siempre desde el comienzo de mi actividad diplomática. Podría decir incluso que desde antes de ingresar en la carrera, ya que, gracias a...

  6. 3 Las perlas japonesas
    (pp. 39-44)

    El trabajo en el Gabinete Técnico tenía tanto de estímulo como de frustración pues al tiempo que me daba la oportunidad de estar al corriente de los temas más candentes de la actualidad internacional, me impedía disponer del más mínimo margen de tiempo para estudiar a fondo ninguno de ellos. Tal vez por esa razón reaccioné tan positivamente el día en que Castiella me pidió que me encargara de investigar un asunto concreto, por cierto, muy poco usual.

    Desde mi incorporación al Gabinete, yo había escuchado, de vez en cuando, la expresión «perlas japonesas» mas sin tener la menor idea...

  7. 4 Bienvenida a Perón
    (pp. 45-54)

    Desde comienzos de 1960, nuestra embajada en la República Dominicana había venido informando de ciertos rumores relativos a un próximo viaje a España del expresidente Perón. Castiella siguió muy de cerca este tema en su propósito de impedir que, de hacerse realidad tal viaje, la prensa internacional tuviera servida la ocasión de montar una campaña contra el Gobierno de Madrid.

    Sin embargo, por más instrucciones que se dieron a nuestro embajador, éste no lograba confirmar la noticia. Yo estuve al tanto del asunto desde el principio, aunque la verdad es que me interesaba muy poco la eventual venida a España...

  8. 5 Traduttore, traditore
    (pp. 55-68)

    La más peliaguda de las misiones que Castiella me encomendó durante los casi tres años en que trabajé a sus órdenes, fue la de actuar de intérprete entre George Brown y Su Excelencia. Aclaro al lector que Su Excelencia era el tratamiento con que se aludía a Franco en su entorno oficial y que George Brown era entonces uno de los integrantes del «gobierno en la sombra» laborista —the shadow cabinet— que, según la tradición política británica, crea el partido que está en la oposición tanto para promover la imagen de sus posibilidades de gobernar como para estimular a quienes...

  9. 6 A ambos lados del Atlántico
    (pp. 69-80)

    Nuestra misión ante las Naciones Unidas en Nueva York y las embajadas en Washington DC y en París constituyeron mis tres primeros puestos en el extranjero. Entre 1960 y 1965, viví muy de cerca, en Estados Unidos, tanto el histórico final de la descolonización africana que se fraguó en la Asamblea General de la ONU, como la elección de John F. Kennedy a la presidencia y luego su asesinato. Conservo imágenes vivísimas de aquellos años fascinantes, entre las que destacan las del discurso inaugural de Kennedy o las de la alocución que Martin Luther King dirigió, desde el monumento a...

  10. 7 De espejos y espejismos
    (pp. 81-96)

    Como le sucede a todo diplomático, muy a menudo debo responder a la pregunta de cuál ha sido el destino del que guardo mejor recuerdo. En mi caso, la respuesta es fácil pues, de los treinta años largos en que he ido de un lado a otro por el mundo, los que recuerdo con mayor nostalgia son los tres de mi destino en México. Esta preferencia no la atribuyo sólo a la simpatía arrolladora de sus gentes, a la calidad de los amigos que hice allí o a lo apasionante de su cultura. Hay algo más que parece vibrar en...

  11. 8 El Comité de la sangre
    (pp. 97-104)

    No recuerdo su nombre. Es probable que nunca lo supiera y que tampoco me esforzara, en momento alguno, en retenerlo. Eso era algo que en México me sucedía con frecuencia, tantas eran las personas que cada día pasaban por mi despacho. Sin embargo, el caso de este exiliado fue muy distinto a los demás.

    Ya la primera vez que lo encontré, me resultó antipático. Su escaso cabello engominado, lo formal de sus expresiones, el hecho de que nunca sonriera, nada había en él que tuviera el menor atractivo. Hasta su cortesía aprendida, casi forzada, hacía difícil congraciarse con él. Tenía...

  12. 9 La condición humana
    (pp. 105-112)

    Muy a menudo, cuando la memoria se me pierde por los paisajes de mis dos destinos alemanes, no me vienen primero a la mente, como sería normal, las escenas del Berlín dividido o reunificado, sino que me pongo a recordar, a veces con todo lujo de detalles, cosas que me ocurrieron durante los dos años escasos de mi estancia en Dusseldorf.

    Veo, por ejemplo, el edificio del consulado en laHombergerstrasse,muy cerca del Rin, y el enorme despacho en el que trabajé con entusiasmo gracias, en gran medida, a un trío sin igual de secretarias —Encarnín, Renate y Andrea—...

  13. 10 Las exigencias de la lealtad
    (pp. 113-122)

    Un destino irónico me condujo desde el consulado en Dusseldorf al Gabinete Técnico del ministro Pedro Cortina y me colocó, otra vez, en elsancta sanctorumde «la Casa». Entré allí con indudable mal pie, pues su director y viejo amigo, Santiago Martínez Caro, me dejó muy clara, ya desde la primera vez que fui a saludarle, su rotunda oposición a que yo fuera allí destinado. Su actitud, tan franca como descortés, se debía a su deseo de que, en la jefatura del Gabinete Técnico, le sucediera Mariano Ucelay, mi compañero de tiempos mexicanos, buen amigo y gran diplomático donde...

  14. 11 Ginebra
    (pp. 123-130)

    De los tres años que pasé en Suiza, destinado en nuestra misión ante la Oficina de las Naciones Unidas en Ginebra, apenas conservo el recuerdo de hechos o anécdotas de especial interés. Más bien es el ambiente, el colorido, la limpieza del aire, el agradable y tranquilo repetirse de cada día, lo que me viene a la memoria cuando evoco mi etapa en la ciudad de Calvino. Tal vez ello se deba a que, por su propia naturaleza, la diplomacia multilateral es monótona, reiterativa y previsible. En otras palabras, aburrida. Con la perspectiva del tiempo transcurrido desde entonces, las reuniones...

  15. 12 La liturgia de la democracia
    (pp. 131-136)

    Se suele decir del presidente de los Estados Unidos que es el hombre más poderoso del la tierra. Se trata, sin embargo, de un poder muy relativo puesto que, cada cuatro años, ha de someterse al voto de quienes lo eligieron y esa dependencia condiciona cada una de sus actuaciones públicas e incluso privadas. Desgraciadamente para él, éstas son muy pocas.

    El pueblo estadounidense, al haber hecho una religión de su forma de democracia, ha convertido la figura presidencial en la de un demiurgo que se reencarna cada cuatro navidades. Ya la misma campaña electoral constituye un adviento litúrgico de...

  16. 13 En la OTAN, por los pelos
    (pp. 137-146)

    Después de los cinco años de gobierno de Adolfo Suárez, levemente teñidos de «tercermundismo» en su vertiente internacional, era comprensible que la actitud claramente atlantista de su sucesor, Leopoldo Calvo Sotelo, produjera reacciones críticas e incluso abiertamente contrarias. Ello no obstante, las manifestaciones contra la entrada de España en la OTAN, organizadas por el PSOE y por el PCE, no impidieron que el nuevo presidente planteara, ya en su discurso de investidura, la adhesión de España a la Alianza Atlántica. En octubre de 1981, el Gobierno lograba el respaldo del Congreso de Diputados sin que la campaña socialista del «OTAN,...

  17. 14 A Madrid sin puesto
    (pp. 147-154)

    A todo diplomático, cuando se acerca el momento de cesar en el puesto, se le plantea una serie de interrogantes que tienen que ver con su nuevo trabajo, el colegio de los hijos, el itinerario del viaje o el alojamiento familiar. En mi caso se añadía una circunstancia especial al dejar Washington en 1985. Como había cumplido casi diez años en el extranjero, el reglamento disponía mi regreso a Madrid a menos que se me ofreciera una jefatura de misión. Ésta era la salida lógica tanto por mi antigüedad en el escalafón como por el hecho de que, en la...

  18. 15 La ciudad dividida
    (pp. 155-162)

    El día de los Inocentes de 1985, me incorporé a mi primer puesto al frente de una embajada, concretamente la que, desde no hacía muchos años, España tenía abierta en Berlín Oriental. Pocas semanas después de haber presentado las cartas credenciales a Erich Honecker, me llegó de Madrid el anuncio de la inminente visita del ministro Fernández Ordóñez a la República Democrática Alemana.

    Para cualquier embajador, la llegada de su ministro constituye siempre una prueba peligrosa, aunque sólo sea por el talante inquisitorial con que los miembros de su séquito esculcan al embajador que los acoge; a él y a...

  19. 16 Por qué pasó lo que pasó
    (pp. 163-176)

    ¿Por qué se abrió el Muro el 9 de noviembre de 1989? ¿Cómo es que no cayó antes o después? En 1989, el Muro tenía ya desde hacía tiempo su fecha de caducidad y se abrió aquel 9 de noviembre, cuando absolutamente nadie esperaba que aquello fuera a suceder, porque en ese día se produjeron varias circunstancias que, al coincidir, dieron con él por tierra. A ellas y a lo que había venido ocurriendo en los meses previos es a lo que voy a referirme en este capítulo.

    En mi opinión, el Muro no cayó antes porque, durante años, Occidente...

  20. 17 Con mis propios ojos
    (pp. 177-186)

    En mayo de 1992 viajé a Fráncfort del Oder, invitado a participar en un coloquio sobre el tema «Europa desde fuera». El Fráncfort al que me refiero, el situado en la frontera germano-polaca —esa frontera que tanto costó al canciller Kohl reconocer como definitiva—, fue destruido dos veces a partir de 1939. La primera vez por los cañonazos de la artillería soviética y la segunda por el gusto pedestre de los arquitectos comunistas de la RDA.

    La ciudad me pareció de lo más antiestética, pero creo que hubiera sido difícil encontrar un lugar más apropiado para dialogar sobre ese...

  21. 18 Cómo salir de Alemania Oriental después de muerto
    (pp. 187-194)

    Siempre me han llamado la atención esas películas que comienzan con la imagen inmóvil de una escena —a veces, de un paisaje— que súbitamente se anima, sus personajes cobran vida y la acción se inicia. Otras veces, es al final cuando las figuras se inmovilizan en la pantalla mientras se oyen disparos, suena la música o se escuchan las palabras enoffcon las que el filme termina.

    Quisiera que lo que voy a relatar en este capítulo comience también así, con la imagen fija de una escena, la que siempre me viene a la memoria cuando alguien menciona —o...

  22. 19 ¿Qué es lo que sentían?
    (pp. 195-208)

    Desde que llegué a Berlín Oriental, me propuse averiguar lo que sentían sus gentes, condenadas como estaban a no penetrar en el enigmático enclave que para ellos era Berlín Occidental y al que familiarmente se referían como «el otro lado». Leí bastante sobre el tema, pregunté a amigos de ideologías diversas —recuerdo especialmente mis charlas con el abogado Anselm Glücksman— y aprendí expresiones coloquiales que daban a entender matices psicológicos muy peculiares, inimaginables para quienes no vivían a la sombra de aquella última frontera. Nunca logré, sin embargo, que alguno de ellos se me abriera del todo ni llegué a...

  23. 20 Las fichas de la STASI
    (pp. 209-218)

    En el otoño de 2008 y tras una ausencia de casi veinte años, volví a Berlín con Mónica, mi mujer, para acompañar a nuestro hijo Alonso, que se había inscrito en el maratón que tuvo lugar allí el 28 de septiembre. Lo que más me seguía interesando era comprobar en qué medida la reunificación había transformado la ciudad y en buena medida pude comprobarlo. Si, en la parte occidental, todo me dio la sensación de continuar igual, el antiguo Berlín-Este, especialmente su zona céntrica, me sorprendió por lo mucho que había cambiado; casi me atrevería a decir que lo encontré...

  24. 21 Tribunal de oposiciones
    (pp. 219-222)

    Cuando en otoño de 1990 se anunció la reunificación de Alemania con la consiguiente desaparición de la República Democrática Alemana, me encontré con que, muy pronto, no tendría país ante el que representar a España. Como del Ministerio no recibía instrucciones sobre el fin de mi misión, comuniqué a Madrid mi propósito de entregar la cancillería al cónsul general en Berlín y emprender el viaje de regreso a España. Dado que tampoco tuve reacción alguna a esta propuesta, al día siguiente de la reunificación me puse en camino. Dos días después, me presentaba en el despacho del subsecretario para pedirle...

  25. 22 Protocolo del Estado
    (pp. 223-230)

    En la primavera de 1991, poco después de incorporarme, en la Moncloa, a mi nuevo destino de jefe de Protocolo del Estado, habíamos comenzado a preparar los festejos de V Centenario del descubrimiento de América, bajo la dirección de Luis Reverter. Colaborador de Narcís Serra, el vicepresidente del Gobierno y anterior ministro de Defensa, Reverter montó un mecanismo y un método de trabajo que hicieron posible la increíble hazaña del 92, una fecha que se nos adelantó de forma imprevisible cuando, ya en el octubre anterior, recibimos la orden de acometer por sorpresa, en menos de una semana, la organización...

  26. 23 El año en que todo salió bien
    (pp. 231-240)

    En septiembre de 1991 y mientras organizábamos en la Moncloa el futuro método de trabajo del CECOPE, se diseñó un programa informático cuyo objetivo era evitar la necesidad de tanto personal como los mexicanos habían requerido para la I Cumbre, en Guadalajara. Fue en esa época cuando procedí a entrevistar y a seleccionar a los nuevos colaboradores. Una vez más, la suerte me echó una mano al permitirme dar con gente excepcional, trabajadores eficaces e incansables como llegué a comprobar a lo largo de los meses siguientes, en los que nunca vi un mal gesto ni un signo de cansancio....

  27. 24 La casa de Baeza
    (pp. 241-248)

    Desde principios de los setenta, ya antes de ir destinado al consulado general en Dusseldorf, había yo barajado la posibilidad de encontrar, en algún lugar de España, una casa antigua y barata para restaurar. Me bastaba con un edificio antiguo, con su jardín o su huerto, situado en algún lugar atractivo: algo, en suma, a lo que poder llamar mío. En realidad, lo que buscaba era un trozo de tierra donde mis hijos pudieran ir echando raíces. Sin saberlo, me estaba adelantando a responder a la pregunta que me haría el segundo de ellos, Pablo, al terminar el bachillerato. Por...

  28. 25 Veleidades literarias
    (pp. 249-256)

    A estas alturas del libro —y de mi vida— no tengo más remedio que reconocer que aquel amor precoz por la escritura al que me referí al principio no pasó de ser, durante la mayor parte de mi vida, sino algo meramente platónico. Dicho de otra manera, mis incipientes escarceos literarios no llegaron muy lejos y se caracterizaron por su timidez, al menos hasta que cumplí los sesenta; de hecho, se quedaron en media docena de artículos, dos o tres relatos y algún que otro cuento, la mayoría inéditos. La misma suerte corrió una «Historia de las relaciones diplomáticas entre...

  29. 26 A modo de estrambote
    (pp. 257-260)

    Al frenesí del 92 sucedió, ya adentrado el otoño, un largo período de sosiego y tranquilidad. Fueron tres años largos, al frente de nuestra embajada en Luxemburgo, los que me permitieron disfrutar de un país acogedor y de unos paisajes tan atractivos como poco apacible era su clima. Afortunadamente, lo amable y hospitalario de sus gentes compensaba con creces la monotonía rutinaria de un puesto que sólo se justificaba por las obligaciones de representación. En efecto, muy poco de lo que acontecía en el Gran Ducado tenía interés informativo para el Ministerio, nuestros compatriotas estaban tan protegidos o más que...

  30. Índice onomástico
    (pp. 261-266)
  31. Back Matter
    (pp. 267-268)