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Autobiografía apócrifa de José Ortega y Gasset

Autobiografía apócrifa de José Ortega y Gasset

JOSÉ MARÍA CARRASCAL
Copyright Date: 2010
https://www.jstor.org/stable/j.ctt6wpt2v
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  • Book Info
    Autobiografía apócrifa de José Ortega y Gasset
    Book Description:

    Este libro nos presenta un «Ortega desde dentro», es decir, no como él había observado a Goethe, con catalejo, sino reconstruido a base de sus testimonios personales esparcidos en artículos, libros, cartas, clases y conferencias, a los que habría que sumar los que sobre él dejaron familiares, colaboradores, discípulos, amigos y enemigos. Estamos pues ante una biografía con ropaje autobiográfico, no sólo de su persona, sino también de su obra, íntimamente unidas a la España de la primera mitad del siglo XX, a la que quiso guiar bajo los más diversos regímenes antes de ser arrastrado por su tragedia como nación. En cierto modo, es la historia de un amor imposible, porque la España que soñó no existía y puede que ni siquiera llegue a existir. Sin embargo y paradójicamente, también es la historia de cómo Ortega, al iluminar sus carencias, logró dejar su impronta en ella.

    eISBN: 978-84-15817-57-4
    Subjects: History

Table of Contents

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  1. Front Matter
    (pp. 1-6)
  2. Table of Contents
    (pp. 7-8)
  3. Nota del autor
    (pp. 9-10)
    J. M. C.
  4. 1 A modo de prólogo
    (pp. 11-14)

    Arguye escasa autoestima no haberse visto nunca tentado por dejar constancia del acaecer de uno mismo. Aunque oculta un regusto por el pasado, que me es por completo ajeno. De ahí que estas evocaciones, por llamarlas de algún modo, requieran cuanto menos una aclaración, caso de que algún día vean la luz, algo de lo que no estoy nada seguro. La autobiografía, por rigurosa que sea y más empeño que se ponga, cae siempre en las heredades de Narciso, personaje por el que no tengo la menor simpatía, aunque pertenece a nuestros mitos, puede que, incluso, a nuestra naturaleza. Contemplarse...

  5. 2 Infancia
    (pp. 15-26)

    «Nací sobre una platina», he escrito en alguna parte. Más exacto hubiera sido, «entre una platina y un escaño del Congreso». Dicho con la plúmbea prosa de un cronista de sociedad, en el seno de una familia tan ligada al periodismo como a la política, caso nada inusual en la España de la segunda mitad del siglo XIX, donde ambas actividades solían ir del brazo. Aunque, en mi caso, hubiera sutiles pero importantes diferencias entre ambas ramas.

    Los Ortega vivían volcados en el periodismo desde al menos dos generaciones. Mi abuelo, José Ortega Zapata, vallisoletano de origen, había sido redactor...

  6. 3 Bachillerato
    (pp. 27-32)

    Antes de que nos diéramos cuenta, con esa levedad que sólo tienen la luz y el candor, Eduardo y yo estábamos a las puertas de los siete años, edad que en España solía marcar las lindes entre la primera y la segunda enseñanza, para los privilegiados que pudieran permitirse el lujo de seguir estudiando, minoría en un cuerpo social exiguo de conocimientos. Sabíamos leer, escribir, las cuatro reglas, algún quebrado, más rudimentos de Geografía e Historia. Bastaba para lanzarnos a la conquista de saberes más amplios. La elección del centro donde íbamos a adquirirlos era fundamental, no sólo por el...

  7. 4 Universidad
    (pp. 33-42)

    Entonces, preguntaría intrigado el hipotético lector de estas inciertas memorias, ¿por qué decidió usted seguir sus estudios en Deusto, otra institución jesuítica? He aquí una de esas preguntas que requieren un puñado de pequeñas respuestas hasta lograr una convincente aclaración. En primer lugar, porque allí estaba el Padre Coloma, que tan agradables sensaciones había despertado en mí como profesor, aunque ya no enseñaba Historia, sino Metafísica. Que debía seguir despertándolas lo demuestra el hecho de que a ella dediqué mi vida. Nunca se estimará en su justa medida la influencia que un profesor puede ejercer en la vocación de un...

  8. 5 Educación sentimental
    (pp. 43-50)

    Para retomar el hilo cronológico, ya que en otro caso convertiría estas prememorias en un ensayo, algo frívolo incluso siendo apócrifas, debo retrotraerme a 1899, cuyo verano, como los siguientes, pasé en parte en Vigo, la de la hermosa bahía. Vivían allí mi tía Manuela Gasset y Chinchilla, hermana mayor de mi madre, casada con José Neyra, uno de los prohombres de la comarca, y mi tío Ramón Gasset, director de la Escuela Superior de Artes e Industrias de la ciudad. Fue en ella donde cobré una afición admirativa por la técnica, cuyos fundamentos teóricos apenas se diferencian de los...

  9. 6 Primer viaje a Alemania
    (pp. 51-76)

    Uno de los inconvenientes de tener novia, junto a indudables ventajas, como asegurarse la siempre fértil compañía femenina, es que tiene uno que procurarse un porvenir y agenciarse unos ingresos con que sostener una familia. Mi situación a este respecto era bastante menos que brillante. Mis ingresos se limitaban a lo que recibía por mis artículos, dinero siempre aleatorio, y a lo que ganaba dando clases en dos colegios particulares, uno en la plaza de las Descalzas, otro en la calle de Atocha, a razón de diez duros mensuales en el primero y nueve en el segundo, que apenas daban...

  10. 7 Intermedio español
    (pp. 77-82)

    Para un europeo, España es el lugar ideal de vacaciones. Un continente en miniatura lleno de tesoros artísticos, donde el tiempo se ha detenido por conjuro mágico, y uno puede darse una zambullida en el pasado, con la seguridad de poder regresar al mundo moderno cuando empiece a estar harto de gritos ancestrales y pasiones sin pulir. El tiempo parece haberse detenido en las plazas de nuestros pueblos, mientras por las calles de nuestras ciudades circula todavía la energía elemental de nuestros antepasados, manifestada en sonoros juramentos y piropos incitantes. Ése es el mayor atractivo que nuestro país tiene para...

  11. 8 Segundo viaje a Alemania
    (pp. 83-92)

    Decidido a volver a Alemania y consciente de que no podía pedir de nuevo a mis padres ese sacrificio, solicité una beca para estudiar allí laPrehistoria del criticismo filosófico.Se me concedió, espero por el criticismo, no por la prehistoria, una de nuestras preferencias. La dotación, 4.500 pesetas para los meses de octubre de 1906 a septiembre de 1907. El destino, Berlín. Pero entre los muchos atractivos que ofrecía la capital prusiana, no figuraba aquel que yo andaba buscando: el kantismo en su estado puro. Berlín estaba ya en otra onda, en otras dimensiones. Y yo necesitaba empaparme de...

  12. 9 Profesor, catedrático y casado
    (pp. 93-116)

    Con las maletas atiborradas de idealismo, regresé a España, país que se refocila en un realismo elemental y, a menudo, grosero, y en una falta absoluta de ideales. Mi familia esperaba verme lanzar de cabeza a unas oposiciones, y ganarlas naturalmente. Pero lo que me pedía el cuerpo, y aún más el espíritu, era meterme de lleno en el lodazal de la vida española, con la ilusión, muy de juventud, de purificarla. El escenario no podía ser más deprimente. La Restauración afrontaba su última etapa con menos fuerzas y más problemas que nunca. Se había roto el espejismo de un...

  13. 10 Marburgo de nuevo
    (pp. 117-120)

    En enero de 1911 llegué de nuevo a Marburgo, aunque en condiciones muy distintas a las anteriores. No era un simple estudiante. Ni siquiera un licenciado. Era un catedrático, todo unHerr Professor,de la Universidad de Madrid, es verdad, inédita en los anales de la ciencia filosófica. Pero aun así,Herr Professor.Sólo quienes conozcan de cerca la solemne rigidez del escalafón académico alemán podrán apreciar la majestuosa alcurnia que tal título confiere. Aunque la mayor diferencia era otra. No iba solo. Rosa me acompañaba y, aunque no sabía alemán, su francés perfecto le permitió entenderse de inmediato con...

  14. 11 Liga, guerra y El Espectador
    (pp. 121-138)

    En la estación, ruidosa antesala de la ciudad, nos esperaban los abuelos deseosos de conocer a su nieto «alemán». Tras echarle una ojeada, ambos proclamaron muy ufanos que se parecía a ellos. Nadie les contradijo pese a la imposibilidad manifiesta. Si uno se pusiera a contradecir imposibilidades en aquel Madrid, no haría otra cosa.

    Nos instalamos en un nuevo piso, también de largo pasillo, en la calle Zurbano. Dueña y señora de la cocina sería Elisa, que con los años terminaría formando parte de la familia. Una niñera cuidaría de Miguel-Germán los pocos momentos en que alguien de la familia...

  15. 12 Argentina
    (pp. 139-146)

    La Institución Cultural Española de Buenos Aires, creada por uno de esos emigrantes que han cruzado el Atlántico para hacer España tanto o más que «la América», el médico santanderino Avelino Gutiérrez, tenía como plato fuerte de sus actividades la visita anual de una personalidad española que ofreciera en Argentina una muestra de sus saberes y descubrimientos. Había inaugurado esta suerte de cátedra rotativa Menéndez Pidal en 1914, y se intentaba institucionalizarla en colaboración con la Junta de Ampliación de Estudios. Pero ya el segundo año quedó vacante, al excusarse los tres sondeados, Unamuno, Rodríguez Marín y la condesa de...

  16. 13 Un año movido
    (pp. 147-154)

    En el muelle de Cádiz, donde atracó el «Infanta Isabel», me esperaban Rosa, Miguel y mis padres. Tras ellos, un país más bronco que nunca. España apenas se había enterado de mi gira Argentina, tan envuelta estaba en sus peleas internas. Recibí algunas invitaciones para hablar sobre ella, atendiendo a las de Sevilla y Málaga, donde censuré la calamitosa desidia que España mostraba hacia los pueblos americanos, llenos de vigor y pujanza. Pero pronto me di cuenta de que no interesaba a nadie. Por no interesar, ni siquiera interesaban los problemas nacionales, sólo los personales, como en un barco que...

  17. 14 El Sol
    (pp. 155-172)

    Queríamos un periódico diferente, por querer una política diferente y una España diferente. Diferente en la forma y en el fondo. Pienso, lo conseguimos. Se cuidó la presentación, para que resultase al mismo tiempo atractiva y severa; se cuidaron aún más los contenidos, de forma que todo el periódico irradiase el propósito que nos animaba: la de un órgano de opinión de siglo XX que, junto a las nuevas ideas, incorporase las «nuevas libertades», esas reivindicaciones de los trabajadores sin las que la sociedad quedaba inoperante por sus luchas internas. Un liberalismosocializadoen una sociedadliberalizadaera nuestro lema,...

  18. 15 Dictadura
    (pp. 173-216)

    Diría que la dictadura fue acogida con el abierto rechazo de la clase política, a la que dejaba cesante, y la indiferencia teñida de alivio de la calle, harta del desorden e inoperancia reinantes. Entre los intelectuales, hubo un grupo crítico desde el primer momento, mientras el resto prefirió esperar a ver por dónde tiraba. Yo me encontraba entre los últimos e incluso le concedí un margen de confianza. El hecho de que los políticos se opusieran a ella era para mí ya un tanto a su favor, aunque no el determinante. El determinante era que representaba algo nuevo en...

  19. 16 República
    (pp. 217-250)

    La Segunda República española no llegó a lomos de un brioso corcel revolucionario, sino de los muchos más modestos de unas elecciones municipales, que ganaron los republicanos en las grandes ciudades, aunque las perdieron en las pequeñas. Pero «estaba en el aire», como el polen en primavera o las brumas en otoño. Lo comprobaron los componentes del Pacto de San Sebastián, que ya en la cárcel eran tratados como futuros gobernantes, y lo confirmó el propio presidente del gobierno, el almirante Aznar, cuando, al ser preguntado por los periodistas si había crisis, respondió: «¿Qué más crisis quieren ustedes que un...

  20. 17 Guerra
    (pp. 251-266)

    Para España significó un cataclismo, cuyas repercusiones seguirán zarandeando su historia bastante más allá de lo que nadie imagina. Para el mundo, la última guerra romántica, como si romanticismo y guerra pudieran coexistir. Para nosotros, el comienzo de una vida errabunda, que nunca volvería a cuajar en proyecto definitivo.

    Durante meses, no hubo en España ningún tipo de Estado. Mientras en la que dio en llamarse nacional mandaban los sublevados, en la republicana mandaban las masas. Media vivía bajo la revolución. La otra media, bajo la sedición. En ambas, los «paseos» se convirtieron en punzante rutina. Toda la maldad y...

  21. 18 De emigrante en Argentina
    (pp. 267-276)

    En el muelle bonaerense me esperaba una nube de periodistas. Ninguno interesado en mi filosofía. Ni siquiera en los acontecimientos españoles. Les interesaba ávidamente la guerra que había estallado en Europa durante nuestra travesía. Me negué a opinar, alegando los mismos motivos que al comienzo de nuestra contienda. «El Viejo Continente —fue todo lo que dije— vive momentos tan críticos que no justifican frases de embarcadero».Y es que, cuando los fusiles hablan, las palabras suenan huecas. Por desgracia, todo el mundo quería que hablase de ello. Era también comprensible. Los americanos querían saber, primero, cómo era posible que los europeos...

  22. 19 Portugal
    (pp. 277-288)

    —Permítame que me presente, Soy Pedro de Moura e Sá. Asesor literario de esta librería. No sabe usted la emoción que me produce verle en persona, pues soy un gran admirador suyo.

    Me lo decía, con una sonrisa en los labios carnosos, un hombre de estatura media, pulcramente vestido y edad indefinida. Yo había entrado en la librería atraído por el anuncio en su escaparate «Las últimas novedades francesas e inglesas» y estaba ojeando un libro cuando se me acercó aquel señor, que seguía ante mí con esa sosegada amabilidad lusitana. Lo tomé como un buen augurio tras la...

  23. 20 Volver sin regresar
    (pp. 289-340)

    En el peor de los casos, sería un reencuentro con mi tierra. Cuando sale al extranjero, el español siente una especie de alivio, desaparecido el áspero roce con sus compatriotas. Pero pronto empieza a notar también que se le van paralizando las funciones vitales, que pierde reflejos y capacidad de resistencia. Para acabar yendo y viniendo como un fantasma a través del ambiente ajeno, sin participar realmente en nada de lo que a su alrededor acontece. Siese ambiente, además, es blando y benigno, como el portugués, los efectos pueden llegar a ser tan letales como el tufo de un brasero....

  24. Anexo
    (pp. 341-364)
  25. Back Matter
    (pp. 365-366)