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La Reina Cristina de Suecia

La Reina Cristina de Suecia

ÚRSULA DE ALLENDESALAZAR
Copyright Date: 2009
https://www.jstor.org/stable/j.ctt6wpv1t
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  • Book Info
    La Reina Cristina de Suecia
    Book Description:

    La reina Cristina de Suecia (1626-1689) fue una mujer enigmática, extraordinaria y extravagante. Heredó el trono a los seis años. Brillante y políglota, mantuvo correspondencia con eruditos de todo el mundo, a muchos de los cuales atrajo hasta su corte. Quiso convertir su austera capital de Estocolmo en una nueva Atenas donde florecieran las letras y las artes. Cuando renunció al trono de Suecia tenía ya las miras puestas en el de Nápoles. Camino a Roma, abjuró públicamente de la fe luterana y abrazó el catolicismo, lo que causó sensación y fue recibido con gran alborozo en la ciudad santa. Nada más llegar, se enamoró de un joven cardenal, al que idolatró hasta el final de sus días. Cristina de Suecia vivió allí rodeada de sus colecciones de arte y sumida en numerosas relaciones, empresas e intrigas. Una leyenda ya en vida, Cristina ha sido ya objeto de una extensa literatura. Esta biografía arroja luz sobre temas poco conocidos o simplemente relegados de un vida azarosa y fascinante, como es el caso de sus relaciones con España.

    eISBN: 978-84-15817-55-0
    Subjects: History

Table of Contents

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  1. Front Matter
    (pp. 1-8)
  2. Table of Contents
    (pp. 9-10)
  3. Abreviaturas
    (pp. 11-12)
  4. Prefacio
    (pp. 13-16)
  5. Primera Parte Juventud: 1626-1644

    • 1 Nacimiento: esbozo histórico
      (pp. 19-42)

      Cristina nació en Estocolmo el 8 de diciembre de 1626. De su infancia apenas sabemos más que lo que ella misma decidió contar en una autobiografía en la que se embarcó en los últimos años de su vida. La concibió como una obra de envergadura pero al poco de iniciarla la abandonó. Lo que llegó a contar de su vida a continuación de varios preámbulos no pasa más allá de su noveno cumpleaños.

      Si hay un rasgo que más que ningún otro define a Cristina de Suecia es que toda su vida sentía una predilección por revestir los hechos y...

    • 2 Cristina proclamada reina de Suecia: la regencia
      (pp. 43-64)

      Cristina tenía tres años y medio cuando Gustavo Adolfo partió para Alemania. A los ocho meses, cuando el rey había reclamado la presencia de María Leonor, confió el cuidado de su hija a su hermana Catalina y al marido de ésta, el conde palatino Juan Casimiro. Razonaba el rey que era en el seno de la familia Palatina donde Cristina estaría no sólo más feliz sino también más segura, «porque no quiero que tenga que venir aquí y me preocupa dejarla sola entre esa gente»¹. La referencia a «esa gente» es una alusión inequívoca a la Corte y la nobleza....

    • 3 Años formativos
      (pp. 65-80)

      Tras el alejamiento de la reina madre María Leonor, se pidió a la tía de Cristina, Catalina, que viniese a residir, junto con sus hijos, al alcázar de Estocolmo. El tío de la reina, el conde palatino, optó por mantenerse al margen y seguía en su residencia en Stegeborg.

      Cristina quedó así a cargo de su tía y volvió a integrarse en el seno de la familia Palatina hasta la muerte de Catalina en 1639.

      Desde hacía ya algún tiempo, y a pesar de la resistencia inicial del Gobierno, Carlos Gustavo participaba en las clases que recibía la reina y,...

  6. Segunda Parte Los años del reinado desde la mayoría de edad: 1644-1654

    • 4 La pacificadora: Cristina gobierna
      (pp. 83-116)

      Elriksdagabrió sus sesiones en octubre de 1644 y declaró que Cristina ya estaba capacitada para gobernar. El 7 de diciembre, un día antes de que cumpliera dieciocho años, prestó la reina juramento, prometiendo sostener la religión luterana, apoyar al Senado, cumplir la Constitución y respetar los privilegios existentes hasta entonces.

      Una vez que los regentes le entregaron el Gobierno, la reina pronunció una alocución en la que agradeció su labor y les pidió que, dada su juventud, continuasen asistiéndola. A los asistentes al acto, esta petición les debió parecer una aseveración de que todo seguiría como antes y...

    • 5 Afición por la filosofía
      (pp. 117-148)

      La firma de la Paz de Westfalia marcó el apogeo del reinado de Cristina y lanzó a Suecia al nivel de las mayores potencias de Europa. Se sentía respeto y temor por esta nación que había reunido tal poderío militar y que había provocado tan increíbles devastaciones. Es natural que aquellos treinta años de guerra, aun con todos los horrores que produjo, sean conocidos en Alemania bajo la denominación de «las guerras de religión». En cambio, en las tierras hereditarias de los Habsburgo en la Europa central, que fueron arrasadas durante los últimos años de la contienda, reciben el nombre...

    • 6 Hacia la conversión al catolicismo
      (pp. 149-184)

      Cristina, coronada y exaltada, continuó, con todo desenfado, sus derroches de dinero que en tan poca armonía estaban con las necesidades del país. Debilitó ella aún más la tesorería con nuevas donaciones y enajenaciones de tierras de la Corona. Las filas de la nobleza siguieron siendo engrosadas con recién llegados, ante el gran disgusto de los antiguos aristócratas, pero, como ellos, por otro lado, eran los principales beneficiarios de las donaciones, sus protestas eran bajas de tono. Además, Cristina continuó aumentando el número de senadores, que llegó en abril de 1651 a treinta y siete; esto suponía un fuerte aumento...

    • 7 La llegada de Antonio Pimentel
      (pp. 185-206)

      Don Antonio Pimentel de Prado llegó a Estocolmo a mediados de agosto de 1652. Frisaba entonces en los cincuenta años. Los Pimentel eran una de las más ilustres familias del antiguo reino de León. Gozaban de gran influencia en la Corte de Felipe IV. El jefe de la gran casa de los Pimentel ostentaba el título de conde-duque de Benavente. En 1526, en una carta, el célebre escritor Antonio de Guevara no duda en titular al entonces conde-duque de Benavente: «Muy ilustre Señor y mayor conde de España»¹. El parentesco de don Antonio Pimentel de Prado con la rama principal...

    • 8 Abdicación y partida
      (pp. 207-238)

      Llevaba Pimentel pocos días de navegación cuando, frente a la costa noruega, se declaró una vía de agua en el buque que le transportaba, que se vio forzado a buscar puerto. Devuelto así a tierra en Gotemburgo, sin poder organizar otro medio de transporte marítimo y sin el indispensable salvoconducto para viajar por tierra, decidió volver a la Corte de Cristina.

      La reina se encontraba en Vadstena, localidad al sur de Estocolmo, donde había ido para asistir a un funeral. Pimentel dirigió sus pasos allí y dio todavía con la reina en aquel lugar. Su regreso a la Corte provocó...

  7. Tercera Parte Los designios para ceñirse de nuevo una corona: 1654-1668

    • 9 Tiempos de espera
      (pp. 241-280)

      Tras desembarcar en Dinamarca, en Helsingör, Cristina viajó hacia el sur. Su disfraz, su nueva identidad y su escaso séquito facilitaron la rapidez de su viaje. Pero ello no implicaba que sus movimientos fueran ignorados. Todo lo contrario. No pocos espías estaban observando los desplazamientos de la reina, con el fin de descubrir cuál era el lugar al que finalmente se dirigía e informar a sus respectivos gobiernos. Entre otros, los ingleses estaban en alerta, alarmados por la falsa pista que había dejado Cristina al decir que iba ir a tomar las aguas en Spa, pues ése era el lugar...

    • 10 El empeño por Nápoles I: Roma-París-Pesaro
      (pp. 281-320)

      A pesar de lo avanzado de la hora, Cristina no tenía la menor intención de retirarse a sus apartamentos. Ardía en deseos de visitar su nueva casa. El palacio Farnesio es uno de los más bellos monumentos renacentistas de Roma. Incluso Miguel Ángel había participado en su trazado. La reina insistió en ver toda la planta noble donde se encontraban también los famosos frescos —todos de tema mitológico— que habían llevado más de ocho años de trabajo a su autor, Aníbal Caracci.

      La visita del resto del edifico y de las colecciones contenidas en él se llevó gran parte del...

    • 11 El empeño por Nápoles II: Pesaro-Fontainebleau-Roma
      (pp. 321-368)

      Cristina llegó a Pesaro el 19 de noviembre. Con la excusa de que la peste seguía haciendo estragos en Roma, se instaló allí en el palacio de los Della Rovere. Pesaro, situado en la Marca, en los Estados pontificios, era la provincia natal de Azzolino, quien, evidentemente, había intervenido para obtener la autorización y hacer los preparativos para que la reina residiese en el palacio papal. Tanto el cardenal legado, Homodei, como el vice-legado, monseñor Gaspar Láscaris, eran amigos de Azzolino.

      Los sentimientos de Cristina hacia Azzolino no habían cambiado. Ella había correspondido con él durante todo su viaje. El...

    • 12 Roma-Escania-Roma
      (pp. 369-408)

      Aunque Cristina ya se estaba acostumbrando para entonces a disponer de poco dinero para satisfacer sus necesidades, sufrió una desagradable sorpresa al regresar a Roma, donde ella contaba con encontrar esperándole una suma respetable, formada por sus rentas anuales. Resultaba que sólo había llegado una cantidad exigua, mientras que el resto había emprendido camino hacia las arcas de Mazarino. La reina se había olvidado de que había recibido un préstamo de cincuenta mil escudos del cardenal y que había dado órdenes a sus agentes de que se le fueran rembolsando, tan pronto como él fuera presentando los recibos que ella...

    • 13 Roma-Hamburgo-Roma
      (pp. 409-438)

      Cristina salió de Roma el 22 de mayo de 1666. Varios miembros de la familia del papa y muchos cardenales la escoltaron extra muros. Sólo Azzolino la acompañó hasta Castelnuovo, a unas cinco leguas de Roma. Viajando en un carruaje lo más rápidamente posible, llegó a Hamburgo el 22 de junio. El viaje dejó medio muertos de cansancio a casi todos los miembros de su Corte que la acompañaban. En los Estados pontificios y en la república de Venecia las necesidades y la comodidad del real séquito habían sido adecuadamente atendidas, pero al pasar a Alemania —con la excepción de...

  8. Cuarta Parte Los últimos años en Roma: 1668-1689

    • 14 Los escritos de Cristina. Su apego al molinismo
      (pp. 441-484)

      Cristina pasó el resto de su vida —una veintena de años— en Roma. Sin buscar ya más coronas inalcanzables por toda Europa, ahora se iba a convertir, por la pura fuerza de su personalidad, en la reina sin corona de Roma —la Regina—, también conocida comúnmente comola padrona di Roma.O bien, como ella se llamaba irónicamente a sí misma en los últimos años de su vida, en una de las «antigüedades» de Roma¹. Roma llegó a ser su verdadero reino y su refugio. Un político francés de nuestros tiempos ha dicho que «Roma es la única ciudad...

    • 15 La Academia Reale. Última enfermedad y muerte
      (pp. 485-510)

      Las conversaciones brillantes y la buena música ocupaban un lugar prioritario entre los pasatiempos de la reina Cristina y siempre constituyeron parte esencial de las actividades de sus varias academias. Bajo la influencia de Bourdelot, su academia en Estocolmo, cuyas reglas habían sido originalmente redactadas por Descartes, degeneró en frivolidad y farsa. La academia que la reina fundó nada más llegar a Roma tuvo una vida breve, terminando al partir ella para Francia en julio de 1656.

      Tras su regreso final a Roma, las frecuentes reuniones que se celebraron en su magnífica residencia en el palacio Riario atrajeron de nuevo...

  9. ILUSTRACIONES
    (pp. 511-524)
  10. Fuentes y bibliografía
    (pp. 525-534)
  11. Índice analítico
    (pp. 535-552)