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La justicia de la República

La justicia de la República: Memorias de un fiscal del Tribunal Supremo en 1936

JOSÉ LUIS GALBE LOSHUERTOS
Edición, estudio preliminar y notas de Alberto Sabio Alcutén
Copyright Date: 2011
https://www.jstor.org/stable/j.ctt6wpvj2
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  • Book Info
    La justicia de la República
    Book Description:

    La Administración de Justicia quedó gravemente zarandeada por la sublevación fascista y por el terror subsiguiente, tanto rojo como azul, aun cuando no pueda ser igualado ni nivelado. En el verano de 1936, por espacio de algunas semanas, la justicia de la República sin la fuerza se convirtió en impotente y, en sentido inverso, la fuerza sin la justicia en tiránica. El relato de este testigo directo, Galbe Loshuertos, fiscal republicano del Tribunal Supremo, muestra los intentos de encauzar la justicia por la difícil senda del respeto y la legalidad institucional en aquella coyuntura crítica, hasta reducir la secuela de asesinatos y el derramamiento de sangre, en definitiva los afanes de ejercer una justicia con rigor y garantías desde la lealtad a la República, procurando que nadie se tomase la justicia por su mano en momentos de extrema tensión. En el libro se ofrece un minisumario de la guerra en Madrid, Barcelona, Valencia, Sevilla, Ávila o Zaragoza, además de un recorrido por la intrahistoria de algunos frentes de guerra. Acabaría exiliado nuestro protagonista en Cuba, donde fue habitual jugador de ajedrez con el Che Guevara, además de quien contrató a Julián Grimau para varios artículos de opinión en La Habana

    eISBN: 978-84-15817-66-6
    Subjects: History

Table of Contents

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  1. Front Matter
    (pp. 1-6)
  2. Table of Contents
    (pp. 7-8)
  3. Agradecimientos
    (pp. 9-10)
  4. Estudio preliminar

    • La República en guerra y el rescate de la justicia «republicana» frente a la justicia «popular»: la mirada de un fiscal
      (pp. 13-52)

      Estas memorias de un fiscal republicano del Tribunal Supremo reflejan hasta qué punto amplios sectores de la cultura política republicana, encabezados por el propio Azaña y regidos por una idea de progreso social gradual cuyo motor sería la educación y la acción del Estado combinada con el mérito individual y la solidaridad, intentaron desesperadamente evitar con la ley en la mano los desmanes que se cometían con las armas a partir de julio de 1936. Es indudable que la Administración de Justicia quedó gravemente zarandeada por la sublevación fascista y por el terror subsiguiente, tanto rojo como azul, aun cuando...

  5. Primera Parte La formación de un fiscal republicano

    • 1 ¿Sabéis cómo era la España más atrasada?
      (pp. 55-58)

      ¿Sabéis cómo era España cuando yo era joven? Había pueblos perdidos que no estaban en los mapas ni en las geografías. Era el caso de La Alberca, el último pueblo que se cruzaba antes de llegar a Las Hurdes. La fiesta mayor consistía en colgar de una cuerda tendida horizontalmente gallos vivos, y los mozos que se casaban en el año pasaban al galope de sus bestias y tenían que arrancar de un solo tirón la cabeza de los pollos, so pena de quedar disminuida su fama de machos enteros. En los puños crispados quedaban las aves despachurradas y los...

    • 2 Un chico de buena familia y el asalto al Cuartel del Carmen
      (pp. 59-70)

      Yo fui un chico de buena familia. Un señorito, para decirlo claramente. He tenido antepasados estupendos, hasta uno pintado por Goya: don José de Castro Cubillo, alcalde mayor y del crimen, valorado en muchos miles de duros. Este antepasado de primera clase llevaba casaca negra, sombrero de tres picos, corbatín con chorrera de encaje, perla y bastón de mando. Colgado junto a la chimenea del comedor, junto a un reloj de cuco que no le debía dejar dormir, se apoyaba en una mesa camilla revestida de muletón verde, provista de escribanía de plata con pluma de ave y campanilla de...

    • 3 Juventud rebelde: los ahorcados de Primo de Rivera
      (pp. 71-84)

      En la universidad los recuerdos se hacen más fuertes e interesantes porque teníamos profesores de gran personalidad. Muchos de ellos analizaban crudamente las cosas y las ideas, y hacían la disección de las figuras históricas y aun de las gentes contemporáneas con un sugerente escepticismo y unas aceradas paradojas que se aproximaban mucho a actitudes revolucionarias. Hice las dos carreras a la vez, la de Derecho y la de Filosofía y Letras, porque había clases por la tarde que permitían compatibilizarlas y la masa de conocimientos no era tan abrumadora. En Letras había profesores estupendos, como don Andrés Giménez Soler,...

    • 4 Divagación sobre el estilo de los fiscales
      (pp. 85-88)

      Creía —y ello no era muy corriente en la fauna de los curiales— que, en la marcha del complicado artilugio forense, lo más importante no era la sociedad, ni el bien público, ni los conceptos difusos y abstractos. Lo más importante era el perjudicado y el preso, el hombre del banquillo con su drama a cuestas y su asunto pendiente del azar de la mala digestión o la úlcera de estómago de un juez. Sabía que la definición popular de la justicia, aguda y sarcástica, es por desgracia más exacta que la de Justiniano, ya que, más que la constante...

    • 5 Sevilla, pasando por la Dictablanda y el Empastre
      (pp. 89-102)

      Sevilla me deslumbró. No le hace falta mi propaganda, pero es que estoy hablando de mis recuerdos. Me impresionó tanto como Venecia la primera vez que la vi, y además no había que «coger góndola» y se podía ir en tranvía a todas partes. Me gustaba todo, la calle de Las Sierpes, Triana (¡qué bonita está Triana, cuando le ponen al puente, banderas republicanas!), el barrio de Santa Cruz... Me encantaba sobre todo subir a La Giralda sin tener que trepar escaleras, aunque no tiene ascensor, o por lo menos no tenía entonces. Y es que los «moros» tuvieron detalles...

    • 6 Notario por un día: el día que trajo la República
      (pp. 103-110)

      Participé de forma muy directa en las elecciones que trajeron la República y en la proclamación de ésta. El jueves anterior, el presidente de la Audiencia me designó notario habilitado y me encomendó la misión de «hacer constar la existencia de hechos que pudieran influir en la pureza del sufragio durante el día en que habían de verificarse las elecciones de concejales convocadas para el domingo día 12 de abril». Mi vigilancia había de ejercerse en todo el término municipal de Rute. Así pues, presenciamos las elecciones por los pueblos perdidos del campo andaluz, en las últimas estribaciones de Sierra...

    • 7 Ley de fugas en el parque María Luisa
      (pp. 111-118)

      La República, en Sevilla, arrancó mal. El gobernador civil, un maniático del orden, no tenía nada de revolucionario. Era tan conservador que uno no se explicaba por qué era republicano. Debió seguir monárquico, pues sólo quería conservarlo todo a todo trance. Aquella manía del orden la teníamos todos. Hasta yo, que la había manifestado en mi improvisado discurso en el balcón del Ayuntamiento el día de la proclamación. Si aquel día del balcón hubiera sabido lo que iba a pasar después no les hubiera dicho que se disolvieran ordenadamente y que no hicieran huelga. Les hubiera dicho: «Rómpanlo todo y...

    • 8 La Sanjurjada
      (pp. 119-124)

      A principios de agosto de 1932 estaba de vacaciones en Tremp (Lérida) con mi hermano Pascual, que era entonces juez de instrucción de primera instancia de aquel pueblo catalán. El día 2 se me acabaron súbitamente las vacaciones. Recibió mi hermano el siguiente telegrama: «Comunique abogado fiscal Sevilla, don José Luis Galbe, se persone de inmediato en Sevilla para sustituir a don Francisco Ruiz Sánchez fallecido hoy». Era una pésima noticia no sólo por la muerte de Ruiz, que naturalmente lamentaba mucho, sino porque se destruían todos mis proyectos de veraneo plácido. En Sevilla debía haber 40 o 45 grados...

    • 9 Una tragedia griega en un pueblo castellano
      (pp. 125-134)

      Ávila, parda y pura, encerrada en su muralla, varada en la Edad Media, como Siena o Carcassone. Me gustaba pasear por el Rastro, bajo los bastiones ciclópeos, ir a los «Cuatro Postes» y entrar en la Catedral, saludar en silencio al pertiguero y después al obispo, nuestro obispo tostado, que allí yace sepultado. Y me gustaba Teresa de Ávila, pero no como se la figuraban allí, sino en su éxtasis de amor de Bernini. En aquella Ávila de los Caballeros no sólo habían ocurrido cosas en el pasado, también en el presente acaecían sucesos extraordinarios, por más que resultase inútil...

  6. Segunda Parte Justicia republicana tiempos de guerra

    • 10 Tracas y entierros: 14 de abril de 1936
      (pp. 137-146)

      El 14 de abril de 1936, quinto aniversario de la República, fue otro día de los que se recuerdan. Amaneció diluviando, conforme a las profecías de la Madre Rafols. En la Castellana, para ver el desfile conmemorativo, el pueblo estoico aguantó el diluvio. Me eché temprano a la calle porque siempre me ha gustado ver todas esas cosas en que tanto se observa y se aprende¹. Frente a la tribuna presidencial, a la entrada de la calle de Ayala, me entretuve contemplando la constelación de cascos brillantes, condecoraciones, corazas, bandas, fajines y plumeros que componían el retrato oficial, tras una...

    • 11 Julio de 1936 y el Cuartel de la Montaña
      (pp. 147-154)

      El carlista Tarragato pintaba el panorama nacional con las más negras tintas y había firmado un documento en el que se comprometía a alzarse «para salvar el orden, la paz social, la unidad sacrosanta de la Patria y aun la vida misma como Nación de los gravísimos peligros que acechaban con destruirnos hasta hundirnos sin remedio en el caos». El documento se lo había llevado a firmar desde Barcelona un oficial conspirador. Era un ejemplar notable de literatura folletinesca, de veracidad muy discutible y aún más discutible sintaxis. Se ha publicado varias veces el citado documento, por eso me abstendré...

    • 12 De cómo la República perdió Ávila y de cómo vinieron a por mí
      (pp. 155-172)

      Siempre se paseaba en Ávila por los soportales del Mercado Grande y las gentes se miraban y remiraban, observaban, espiaban y acechaban, se saludaban y se volvían a cumplimentar varias veces al día. No faltaba el cotilleo de las mujeres, las procacidades de los hombres y el olor a piara del conjunto rebañiego, pero aquella noche del 19 de julio el paseo tenía un sentido distinto. Era como un recuento de fuerzas en amenazadora exhibición. No iban mezclados, como otras veces, izquierdistas con derechistas, ni paseaba el médico comunistoide con su contertulio el capitán de la Guardia Civil. Eran grupos...

    • 13 Proporción del terror rojo
      (pp. 173-182)

      Me incorporé a la Fiscalía General de la República, donde me nombraron juez especial de la jurisdicción de guerra y para el esclarecimiento de los hechos relacionados con la rebelión militar producida en Madrid, sumario que instruía el excelentísimo señor don Javier Elola, magistrado del Tribunal Supremo. Habían transcurrido ocho días desde el Alzamiento. A Elola lo auxiliaba como principal colaborador el juez Mariano Luján, un hombre correcto y cordial, enjuto y esbelto. Cuando yo era joven no tenía como principal ideal de futuro el de prosperar, «llegar» o «triunfar», no, lo que yo quería era no engordar, no echar...

    • 14 Sinrazón y desproporción del terror blanco
      (pp. 183-192)

      El «derecho penal» franquista, llamémosle así, tuvo un contenido y un alcance espantoso. La simple profesión de determinadas ideas era punible. Se sancionaba la profunda intimidad de la conciencia y, como Hitler y Mussolini, Franco logró algo terrible, de lo que se jactaba: implantar y sostener en plena paz un derecho penal de excepción y de violencia máxima basado en la peligrosidad no real y actual, sino potencial del agresor. Aunque, en el fondo, en lo que se inspiraba era en la realidad permanente de su propio pánico.

      La primera característica del derecho penal franquista fue la ausencia de norma...

    • 15 La parsimonia y el incendio en la cárcel
      (pp. 193-200)

      A mediados de agosto de 1936 se produjeron numerosas deserciones de oficiales de la Guardia Civil en el frente de Guadarrama. Circulaba por Madrid el rumor de que lo que quedaba de Guardia Civil leal iba a sublevarse, atendiendo a un ruego telegráfico de Franco. Se produjo también el incendio en la cárcel Modelo, donde numerosos oficiales fascistas de prisiones se encontraban detenidos, aunque gozaban de trato de favor, casi de libertad interior completa, por parte de sus colegas de prisiones republicanas. Estaban en la misma galería que los presos políticos más importantes y decidieron tratar de escaparse aprovechando el...

    • 16 Sesión de gala: juicio al exministro Salazar Alonso
      (pp. 201-214)

      El 19 de septiembre de 1936 empezó en Madrid la vista de la causa contra don Rafael Salazar Alonso, ex ministro de la Gobernación de la República en los gabinetes de Lerroux y Samper. El acceso a la Sala era difícil: había que agenciarse un pase y cruzar por cuatro o cinco controles. Era más fácil entrar en la judicatura.

      Con aquellas acreditaciones asistimos al juicio un par de centenares de testigos que no íbamos a declarar. El preso, que se disimulaba en estrados, como letrado en ejercicio que era, sumía a los invitados en un mar de confusiones por...

    • 17 Los primeros que «entraron» en Madrid
      (pp. 215-218)

      Un episodio que, según comprobé muchos años después, produjo gran sensación en Zaragoza fue el de Casanova y Marín Chivite. Manolo Casanova era director delHeraldo de Aragóny Miguel Marín Chivite, fotógrafo. Cuando en el bando franquista se anunció como inminente la toma de Madrid, se dirigieron hacia la capital desde Ávila en un auto lleno de propaganda falangista y monárquica, banderines, brazaletes y carteles. Iba con ellos un periodista uruguayo, que se llamaba Sciutto, y el chofer. En Ávila, según me contó Manolo, le habían enseñado el lugar en que me habían matado. Junto al paseo de San...

    • 18 La gran victoria de Guadalajara y el juicio con más absoluciones
      (pp. 219-226)

      «Ven a Guadalajara, dictador de cadenas, carcelaria mandíbula de canto, verás la retirada miedosa de tus hienas, verás el apogeo del espanto », decía Miguel Hernández. El día de la gran victoria de Guadalajara no pude contener mi alegría y mi emoción y, como no había juicios, me fui al frente yo solo en mi coche a ver lo ocurrido, con propósito de llegar hasta las líneas más avanzadas. Hasta donde me lo permitiesen. Llegué hasta cerca de Brihuega, por junto al Tajuña, a un puesto de mando de un oficial que me recibió muy amablemente, entusiasmado también por mi...

    • 19 Un minisumario sobre la rebelión en Barcelona
      (pp. 227-244)

      Un sábado, el 12 de diciembre de 1936, tuve que viajar a Barcelona por motivos de trabajo. Se salía de Valencia por entre un tráfico intenso que recordaba un poco los noticieros cinematográficos de las densas poblaciones asiáticas. Por el camino del Grao, centenares de autobuses y camiones, carros y tartanas obligaban a hacer filigranas con el timón para no arrollar a peatones y ciclistas atolondrados y a bandas de perros irresponsables y felices cuyo aire despreocupado contrastaba con el aspecto atormentado de la gente. Pasaban bodas en landós engalanados de azahares blancos en las manillas de las portezuelas. Lo...

    • 20 «El Tinta», «el Mona», «el Gamba» y otros
      (pp. 245-252)

      Fui a finales de 1936 a ver algunos campamentos o guarderías infantiles en Cataluña donde tenían a los chicos evacuados de Madrid por haber quedado huérfanos o ser vagabundos dedicados a la mendicidad. Vivían en esos campamentos, además de los muchachos, soldados heridos convalecientes. El albergue que más me impresionó fue uno que dirigía un policía llamado Riera en el que había unos trescientos niños refugiados, la mayoría madrileños. Los había de la Prosperidad, del Puente de Vallecas, de Embajadores y el más castizo se llamaba Estanislao. Todos eran unos barbianes: «el Tinta», «el Mona», «el Gamba» ...

      —¿Dónde...

    • 21 Lucha en Valencia contra el terror
      (pp. 253-272)

      En Valencia el ambiente estaba enrarecido cuando se convirtió en capital de la República. Había plaga de forasteros, gente que tenía que estar allí y otros que debían estar en otros lugares, peste de emboscados. La «Columna de Hierro» distribuía y pegaba pasquines mientras insultaba a los funcionarios, a los guardias y al gobierno. Los valencianos temían que, como consecuencia de la instalación en la ciudad de los ministerios, los facciosos la bombardearían, como así fue, se encarecerían las subsistencias, lo que también ocurrió, y se producirían otras catástrofes que igualmente llegaron.

      La vida de aquellos «invasores» giraba en torno...

    • 22 Nochebuenas sangrientas
      (pp. 273-286)

      La Nochebuena siempre me trae recuerdos siniestros. El 24 de diciembre de 1931 se murió mi hija, a las diez y diez de la noche, y el reloj se quedó parado en aquella hora exacta. El 24 de diciembre de 1936 me llegó la noticia de la muerte en combate de Pablo de la Torriente, amigo reciente pero verdadero¹. Siempre he dado pronto mi amistad y él la merecía más que nadie. No sé si yo merecería la suya, pero creo que también la tuve. Era Pablo un revolucionario verdadero, de los que pudiendo haber ocupado posiciones de privilegio y...

    • 23 El alzamiento en Sevilla y los héroes de la marisquería «Málaga»
      (pp. 287-292)

      He tenido y tengo la costumbre de hacer, al llegar cada diciembre, y especialmente su última semana, balances y proyectos referentes a «la empresa de perfeccionarme» y tratar de ajustarme mejor a mi propia condición de hombre. Ya podré hacer pocos más, pero aquel fin de año de 1936, en el paso a 1937, no hubo solución de continuidad. En las trincheras estaban tirando y no iba a haber armisticio para comer las uvas. Sin embargo, Ángel Pestaña anunció que pensaba dar un discurso bajo el título deLas doce palabras de la Victoria. Firmemente decidido a no oírlo, me...

  7. Tercera Parte De exilios y lecciones

    • 24 Decisión contra derrotismo
      (pp. 295-304)

      El año 1938 lo empezamos bien los legitimistas. En la primera quincena de enero tomamos Teruel 1, pero a fines de marzo lo perdimos. A comienzos de este mes el cruceroBalearesfue hundido por barcos republicanos, lo que se consideró también una gran victoria. Pero fue una alegría efímera. Ya en el mismo mes de marzo los alzados tomaron Belchite, Alcañiz, Caspe, Fraga y Barbastro, y obligaron a levantar el sitio de Huesca. Y, por si fuera poco, entraron en Cataluña por Massalcarreig.

      A principios de abril cayeron Lérida, Tremp y Vinaroz. Empezaron a refugiarse en Francia unidades enteras...

    • 25 De La Pedrera a la frontera
      (pp. 305-320)

      Al empezar 1939 era desesperada la situación. El Día de Reyes tomaron los franquistas Borjas Blancas y sucesivamente cayeron Tortosa, Valls, Reus, Tarragona, Cervera, Igualada, Manresa y Martorell. La Batalla del Ebro la habíamos perdido definitivamente después de una larga y heroica lucha. El 26 de enero, tras un inexplicable silencio de las antiaéreas en una incursión de la aviación enemiga que empezaba a volar impunemente más bajo, un cañón solitario empezó a tirar muy deprisa, le colocóalgodonescada vez más cerca a uno de los aparatos y al quinto o sexto tiro lo tumbó. Sentí la alegría visceral...

    • 26 Miseria, hurtos y valentías
      (pp. 321-324)

      En La Habana me ganaba la vida como periodista, escritor radical y profesor de español para judíos alemanes. Además en el diarioAcciónme pagaban quince pesos semanales como subdirector ¹. Y me buscaba algunas traducciones. Recuerdo una del portugués, lengua que no conocía. El autor del mamotreto era el embajador de Brasil en Cuba, don Leopoldo Teixeira Leite, que en paz descanse, porque ya todo el mundo se «me» ha muerto. Yo pensaba: «Un embajador será probablemente espléndido». Y como era brasileño, pensaba también, «... y será rico». Pero lo encontré tan remolón y renuente que acabé por plantearle...

    • 27 Lecciones de dos guerras
      (pp. 325-328)

      Siempre pensé en cuáles fueron las verdaderas causas de nuestra derrota. Cuando viví la lucha de Cuba contra Batista y la marcha de la Revolución triunfante empecé a ver la guerra de España bajo luces nuevas. Hice todo lo que pude en las dos, convencido de que en el mundo y en la historia no hay más que una guerra en diferentes episodios más o menos alejados en el tiempo y en el espacio. En Cuba comprobé sobre todo la gran verdad de que perdiendo es como se aprende.

      Los matices diferenciales de las dos guerras son muchos. Unos han...

  8. Back Matter
    (pp. 329-329)